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“Desvelando las debilidades económicas de Estados Unidos”

Durante generaciones, personas de todo el mundo que anhelan libertad han puesto sus ojos en Estados Unidos. Aquí, todo ciudadano puede expresar su opinión, dedicarse a su pasión y ejercer las otras libertades otorgadas por Dios que de manera injusta se deniegan en muchos países del planeta.

No obstante, eso no significa que estemos libres de reproches en todos los aspectos de la libertad. Véase el ejemplo de la libertad económica, que continúa deteriorándose un poco más cada año.

No me baso para decir esto en habladurías o en el informe sobre empleo más reciente. Cada año, la Fundación Heritage y el Wall Street Journal publican una detallada guía normativa, país a país, conocida como Índice de Libertad Económica. En el caso de Estados Unidos, las noticias han ido empeorando a lo largo de los años con cada edición del Índice.

En el Índice de 2013, Estados Unidos logró aferrarse a su décimo puesto final del año anterior, a pesar del declive general de su puntaje. La última columna que escribí para el Índice concluía con esta frase: “¿O es éste nuestro último año entre los diez primeros puestos del Índice?”

Según el Índice 2014, nuestra edición del 20º aniversario, la respuesta es sí.

Estados Unidos ocupa ahora el 12º puesto. Incluso entre las economías de Norteamérica, tenemos poco de lo que presumir: Canadá, sexto país a nivel mundial y uno de los muchos que mejoró el año pasado, nos lleva una cómoda ventaja.

Hasta una fecha tan reciente como 2008, Estados Unidos ocupaba el séptimo puesto a nivel mundial, tenía un puntaje de 81 (en una escala de 0 a 100, siendo 100 el máximo puntaje de libertad) y estaba considerada como una economía “libre” (un puntaje de al menos 80). A día de hoy, tiene un puntaje de 75.5 y se considera como “mayormente libre”, el segundo nivel de libertad económica del Índice.

Antes de explicar por qué, examinemos cómo deciden los puntajes los autores del Índice. Se evalúa cada país en cuatro amplias áreas de libertad económica:

1) Estado de Derecho: ¿Se protegen los derechos de propiedad mediante un sistema judicial honesto y eficaz? ¿Cuán extendida está la corrupción, el soborno, la extorsión y los tejemanejes de ese tipo?

2) Gobierno limitado: ¿Los impuestos son bajos o altos? ¿Se mantiene bajo control el gasto público o está creciendo sin freno?

3) Eficacia reguladora: ¿Son capaces las empresas de operar sin unas regulaciones gravosas y redundantes? ¿Las personas pueden trabajar dónde y cuanto quieran?  ¿Se controla la inflación? ¿Los precios son estables?

4) Apertura de los mercados: ¿Se puede comerciar libremente? ¿Existen aranceles, cuotas u otras restricciones? ¿Pueden las personas invertir su dinero dónde y como vean oportuno? ¿Existe un entorno bancario abierto que fomente la competitividad?

En la mayoría de estos aspectos, Estados Unidos obtiene unos resultados muy positivos. No se finaliza el 12º de 178 países si no se cuenta con un elevado grado de libertad económica. Los derechos de propiedad están garantizados (aunque descendieron cinco puntos el año pasado). Nuestro sistema judicial es independiente. El tipo arancelario promedio es admirablemente bajo (1.3%). Los procedimientos burocráticos para abrir una empresa son relativamente eficaces. Y el mercado laboral es flexible.

Y sin embargo, Estados Unidos se está quedando atrás. “El sustancial aumento del alcance y el tamaño del gobierno, que incluye nuevas y costosas regulaciones en ámbitos como las finanzas y los servicios médicos, ha contribuido de manera significativa a la erosión de la libertad económica de Estados Unidos”, comentan los autores del Índice.

Para abrir una empresa hacen falta de promedio cinco días, pero el costo de los cuatro requisitos impuestos por las regulaciones ha aumentado en más de $60,000 millones desde 2009. De hecho, se han impuesto más de 130 nuevas regulaciones. Y las subvenciones públicas van en aumento.

Pero las noticias no son mejores en lo que respecta a los impuestos. El tipo máximo sobre sociedades permanece en el 35% y el tipo impositivo máximo sobre los ingresos personales es del 39.6%. La carga tributaria general ha aumentado hasta el 25.1% del total de ingresos nacionales, lo que significa que el gobierno confisca $1 de cada 4$ que se ganan.

El gasto público total es otro punto débil de Estado Unidos. Supone más del 40% del producto interior bruto, es decir, lo que producimos cada año. Se trata, por tanto, de una cifra demasiado elevada.

“Estados Unidos es el único país que ha registrado una pérdida de libertad económica en cada uno de los siete últimos años”, comentan los autores. ¿Presionaremos a nuestros responsables electos para que tomen medidas firmes y serias para revertir esta tendencia? ¿O el año que viene será el octavo consecutivo?

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