2:14 pm - Wednesday September 20, 2017

Top Gun (Pasión y Gloria) – Conectados

Top-Gun-areaRecuerdo bien claro exactamente lo que hice poco después de ver Top Gun (Pasión y Gloria) por primera vez en 1986. Yo tenía 16 años y acababa de recibir mi licencia de conducir. Salí de la película y procedí a manejar como un cohete por la autopista interestatal 55 a unos 85 kilómetros por hora. Del modo que lo pensé, el nuevo Ford Thunderbird del año de mi papá, con todo y panel de instrumentos digital — iba a servirme como lo más cerca que yo podía llegar a estar en un F-14.

Top Gun (Pasión y Gloria) nada más es ese tipo de películas. El tipo de película que hace que los impresionables niños de 16 años de edad deseen conducir rápido. Y también el tipo de película que, a todas luces, ha inspirado a decenas de jóvenes a inscribirse para el servicio militar, con hambre de volar en algo más que un carro Thunderbird.

Veintisiete años después, todavía puedo apreciar la emoción que esta carta de amor de gran pantalla a los pilotos de caza del fallecido director Tony Scott provoca en mí. Tom Cruise repentinamente parece terriblemente joven aquí — prácticamente se ve como Justin Bieber— pero su Maverick es todavía más grande que la vida, especialmente en las pantallas IMAX 3D. La película que yo vi en el pasado se ve como una enana ante esta. Esta película del siglo XXI (Febrero de 2013) amplifica con toques de tecnología esos excelentes niveles de testosterona de Top Gun (Pasión y Gloria) incluso más alto que en aquel entonces, si eso es posible. Y mejor aún, al verla con ojos más maduros puedo ahora apreciar algunas de las cosas que se extienden más allá de la publicidad. Las buenas lecciones que mi piloto héroe aprende sobre el trabajo en equipo y la perseverancia ante la adversidad, por ejemplo.

I vividly recall exactly what I did shortly after I saw Top Gun for the first time back in 1986. I was 16, and I’d just gotten my driver’s license. I walked out of the movie and proceeded to rocket down the double-nickel freeway at about 85 mph. The way I figured it, my dad’s brand-new ’86 Ford Thunderbird—complete with digital dashboard—was as close as I was ever going to get to an F-14.

Top Gun is just that kind of movie. The kind of movie that makes impressionable 16-year-old kids want to drive fast. And also the kind of movie that, by all accounts, has inspired scores of young men to sign up for military service, hungry to fly in more than just a Thunderbird.

Twenty-seven years later, I can still appreciate the visceral thrill that the now deceased director Tony Scott’s big-screen love letter to fighter pilots elicits in me. Tom Cruise suddenly seems awfully young here—practically Justin Bieber-esque—but his Maverick is still larger than life, and especially so on 3-D IMAX screens that absolutely dwarf the one I originally saw this movie on. That 21st-century (Feb. 2013) techno-touch ramps up Top Gun’s cool-factor testosterone levels even higher than they were back then, if that’s possible. And better yet, seeing it with more mature eyes I can now appreciate some of the things that extend past the hype. The good lessons my pilot hero learns about teamwork and perseverance in the face of adversity, for example.

Si desea leer análisis completo visite… http://conectados.enfoquealafamilia.com

 

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