4:34 pm - Friday December 15, 2017

Los Miserables

Lés MiserablesBienaventurados los miserables

William Mitchell Alvarez

Los Miserables, aunque conocido como la encarnación literaria de los valores humanistas inspirados por la Revolución Francesa, también encuentra muchos de sus elementos en las mismas enseñanzas cristianas que aparenta cuestionar.

El criminal habitual pero redimido, Jean Valjean, un protagonista que se haya atrapado en ciclos viciosas de actos delictivos y de penitencia, encarna a la vez al pecador y a su salvador. En ocasiones asume el papel de ladron, a veces el de su compañero de cruz – Cristo- , y en momentos el de ambos: desempeña la función del que rescata pero no es Jesús, perpetra pecados pero no es un simple pecador, siendo mortal, comete hechos que ilustran la obra de Cristo en la cruz.

Aun así  el personaje no ha de interpretarse como la encarnación de Jesús, ni la obra debe considerarse una gran alegoría cristiana, sino una cadena de metáforas que ilustra la perspectiva de un solo personaje que llega a experimentar vivencias cristianas y a conocer las diversas de aquella fe.

Desde su conversión, mediado, por cierto, por un cura, este hombre cruel se transforma en un ente responsable y piadoso. Primero lo manifiesta rescatando a un anciano atrapado debajo de una carreta: se coloca junto a la victima, situándose a la par del que esta frente al precipicio para poder salvarlo. Luego, al conocer que un hombre inocente ha sido condenado por sus ofensas, acepta públicamente su identidad de prófugo, toma el lugar, asume el castigo de ese sencillo obrero que era culpable solo de haber recogido una rama de manzanas.

No obstante, donde más se manifiesta esta tendencia, es cuando Jean Valjean, vestido de reo, rescata a un marinero que ha subido hasta lo mas alto del mástil y que ahora se encuentra colgado sin poder ayudarse no ser rescatado por sus compañeros. Subiéndose a este madero imponente, que Victor Hugo describe como uno que toma la forma de una cruz, nuestro antihéroe asume la misma posición precaria que la de este hombre puesto frente a la muerte, Aquí cuelgan ambos de una sola cruz figurada.

Arriesga su vida mientras muestra solidaridad, experimenta el mismo temor y conoce el mismo peligro que el rescatado, sacrifica el derecho de una posición segura sobre el suelo, por el amor que desconoce y por la justicia que anhela. En lugar de estar colgando uno ahora había dos, la narración del autor fue clara: la primera obra del Valjean fue solidarizarse con el hombre, su segunda, rescatarlo. Y al subir se le haba caído la gorra que lo identificaba como reo de por vida, ya se había despojado de esa etiqueta, y la gorra ,de alguna forma, dejo de pertenecer a un hombre que ya no la merece. Al bajar de la cruz que apoya el peso de ambos, Valjean vuelve a su trabajo: pero este es pecador débil  y cae al mar, como si cayera de la Gracia. Como al Cristo crucificado, también le fue necesario liberarse de las ataduras para rescatar y para escapar: libre primero para actuar bien o mal, pero luego poder hacer lo justo.

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