6:14 pm - Monday September 25, 2017

¿Podrá Hostess salvar los Twinkies de las manos de los sindicatos?

Eliminar los Twinkies. Obstruir el estacionamiento de las tiendas Wal-Mart el día de mayor venta del año, conocido como Viernes Negro porque el balance anual pasa de negro a rojo con las ventas extra. Molestar en un gran aeropuerto el día antes de Acción de Gracias. Si los sindicatos están tratando de ser más populares entre el pueblo americano, lo están haciendo realmente mal.

Los americanos se han vuelto locos ante la posible pérdida de los Twinkies, HoHo’s, Ding Dongs y pastelitos de la empresa Hostess, después de que la compañía dijera que iba a echar el cierre porque su sindicato de panaderos optaba por ir a la huelga y dejar el trabajo. Hay gente que ya está pidiendo precios desorbitados en eBay por cajas de estos dulces.

Hostess y el Sindicato Internacional de Panadería, Confitería, Trabajadores del Tabaco y Moledores de Grano (BCTGM) han acordado atenerse a un arbitraje por medio de un juez concursal, que comentó que hay que hacer “importantes preguntas, como la lógica que impulsó la decisión de ir a la huelga”. Además, hay más de 18,000 empleos en juego.

Un bloguero del Washington Post comenta que “La Federación Americana del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) planea intentar convertir esto en una ‘lección’ y en una ‘discusión nacional’. El número de miembros de los sindicatos del sector privado ha estado disminuyendo y estos grupos están desesperados por revertir esa tendencia. Pero cerrar una de las marcas más queridas de Estados Unidos ciertamente no les va a granjear muchas amistades.

Obviamente, la mala administración ayudó a poner a Hostess en esta situación y la disputa por las pagas a los gerentes está causando controversia. Megan McArdle explica que pagar incentivos a los gerentes para que se queden durante una difícil transición a la bancarrota no es inusual: es difícil convencer a la gente para que se quede y maneje un barco que se hunde. Pero por desgracia, a veces eso conlleva que los cargos más importantes se pueden intentar aprovechar de su situación para hacerse con más dinero durante el proceso de quiebra.

Pero McArdle informa de que la actual administración “abrió los libros de cuentas a los sindicatos, no les pagó prácticamente nada a sus cargos más importantes y trató de llegar a acuerdos que salvarían la compañía y recuperar algo de los planes de pensiones de varios empleadores de los que estos formaban parte y que estaban terriblemente mal financiados”. Los nuevos gerentes hicieron todo lo que normalmente piden los sindicatos en tales situaciones.

Eso fue suficiente para satisfacer al Sindicato de Camioneros, que también representan a los empleados involucrados en la distribución de los productos de la compañía, los cuales llegaron a un acuerdo con esta para continuar trabajando.

Sin embargo, los panaderos fueron a la huelga. Su sindicato no presentó ninguna objeción al plan de bancarrota cuando el juez lo propuso en agosto. En cambio, los líderes de este sindicato sí pidieron una huelga. Esta se autorizó con un voto por aclamación (un voto público en la sede del sindicato) y la dirección de este sindicato rehusó la petición del de los camioneros de una votación mediante voto secreto sobre la vuelta al trabajo.

¿Por qué haría esto el sindicato? James Sherk, analista político titular de economía laboral de la Fundación Heritage, comenta que:

“O la dirección del sindicato era (a) absolutamente incompetente o (b) estaba dispuesta a sacrificar los empleos de sus miembros en Hostess con el fin de enviar el mensaje a otras empresas de que jugarían duro y que no deberían pedirle concesiones. En cualquier caso, no estaban mirando por el bien de sus miembros que trabajan en Hostess.”

Hostess es sólo el más reciente ejemplo dentro de la tendencia al alza en el número huelgas. Después de haber descendido durante décadas, el número de huelgas en Estados Unidos está subiendo. En 2009, hubo cinco grandes huelgas (de 1,000 o más empleados). En 2011, hubo 19.

Incluso cuando los trabajadores no van a la huelga, los sindicatos aspiran a causar el caos. Un grupo respaldado por un sindicato está planeando organizar una protesta en los supermercados Wal-Mart para el Viernes Negro. Y los trabajadores afiliados al Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU) están planeando una protesta en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles para mañana, uno de los días del año en el que se realizan más viajes.

En ese caso la compañía de aviación comenta que la mayoría de sus trabajadores votó el año pasado por abandonar el sindicato. “Ahora nuestros empleados están ganando más a la hora que con el SEIU y están felices de haberse librado de ellos”, comenta Joe Conlon, vicepresidente regional de Aviation Safeguards.

Probablemente muchos empleados de Hostess desearían haber tenido la misma oportunidad de votar. Sin embargo, nunca tuvieron esa opción. Una vez que entran, los sindicatos se quedan con el poder indefinidamente, pues no tienen que presentarse a una reelección. Y sin embargo, los nuevos trabajadores deben aceptar la representación del sindicato como condición para conseguir el empleo. Sólo el 7% de los miembros de sindicatos del sector privado votaron la pertenencia a su sindicato.

El único modo de deshacerse de un sindicato es mediante la presentación de una revocación, que es un proceso legal extremadamente complicado. Si los trabajadores de Hostess hubieran conseguido realizar una votación, podrían haber optado por unos representantes más razonables que en verdad miraran por su bien. Es por esto por lo que la representación sindical debería ser voluntaria o, como mínimo, los sindicatos deberían tener que presentarse regularmente a la reelección.

Desafortunadamente, la administración Obama se está moviendo en la dirección contraria. Su Junta Nacional de Relaciones del Trabajo (NLRB) cambió recientemente las reglas de modo que los sindicatos pueden escoger a quién obtiene el derecho a votar en unas elecciones sindicales. Esto permitirá además el que los sindicatos puedan privar de sus derechos a aquellos trabajadores que no quieran correr el riesgo de llevar a la quiebra a su empresa mediante huelgas.

Cuando el presidente volvió a Washington después de las elecciones, una de sus primeras reuniones fue con los líderes sindicales. Después de haber gastado grandes cantidades de dinero en las elecciones, los sindicatos están deseosos de utilizar el proceso político para aumentar sus filas. Puede que su número de miembros esté cayendo, pero el poder de los sindicatos en Washington está creciendo.

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