3:13 pm - Tuesday December 17, 4176

Discurso de Barack Obama en la Convención Demócrata

El discurso del Presidente Obama ante la Convención Nacional Demócrata 2012

CHICAGO- Esta noche, en su discurso ante la Convención Nacional Demócrata, el Presidente Obama le pidió al país a unirse en torno a una serie de metas concretas para avanzar al país hacia una economía que crece desde la media clase hacia fuera, no de arriba hacia abajo. Esta guía—este plan real y alcanzable generará empleos, ampliará las oportunidades y fortalecerá la clase media—producirá resultados concretos en áreas claves como la manufactura, energía, educación, seguridad nacional y el déficit.

A continuación, el discurso tal como fue preparado:

Michelle, te amo. La otra noche, creo que todo el país vio lo afortunado que soy. Malia y Sasha, estoy tan orgulloso de ustedes…pero que no se les ocurra nada, mañana hay que ir a la escuela. Y Joe Biden, gracias por ser el mejor Vicepresidente que uno podría esperar.

Señora presidenta, señores delegados, acepto su nominación a la Presidencia de los Estados Unidos.

La primera vez que me dirigí a esta convención en el 2004, era un hombre más joven; un candidato al Senado de Illinois que habló sobre la esperanza—no de un optimismo ciego o una ilusión; de la esperanza frente a la incertidumbre; esa fe tenaz en el futuro que ha sido lo que impulsa a nuestro país hacia adelante, hasta cuando vamos contra toda probabilidad; hasta cuando el camino es largo. 

Ocho años después, hemos puesto esa esperanza a prueba—por el costo de la guerra; por una de las peores crisis económicas en la historia; por un impasse político que nos dejó preguntándonos si aún era posible enfrentar a los retos de nuestra época.

Reconozco que las campañas pueden parecer pequeñas, y hasta ridículas. Temas triviales se convierten en distracciones. Temas importantes se reducen a frases cortas. Y la verdad se pierde bajo una avalancha de dinero y publicidad política. Si ya se cansaron de escucharme decir “Apruebo este mensaje,” créanme, yo también lo estoy cansando de decirlo.

Pero a fin de cuentas—cuando recojan esa boleta para emitir su voto—enfrentarán la decisión más clara que se le ha presentado a cualquier generación. Durante los próximos años, se tomarán decisiones importantes en Washington, con respecto al empleo y a la economía; los impuestos y los déficits; la energía y la educación; la guerra y la paz—decisiones que tendrán un enorme impacto en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos durante décadas.

En cada tema, la decisión que enfrentarán no sólo será una entre dos candidatos y dos partidos.

Será una decisión entre dos caminos diferentes para Estados Unidos.

Una decisión entre dos visiones fundamentalmente distintas para el futuro.

Nuestra lucha es una que busca restaurar los valores que construyeron la clase media más grande y la economía más fuerte en la historia del mundo; los valores que mi abuelo defendió como soldado en el Ejército de Patton; los valores que impulsaron a mi abuela a trabajar en una línea de montaje de bombarderos mientras él estaba en la guerra.

 Sabían que eran parte de algo más grande—una nación que triunfó sobre el fascismo y la depresión; una nación donde las empresas más innovadoras producían los mejores productos del mundo y todos compartían el orgullo y el éxito—desde la oficina de la esquina hasta la fábrica. Se les dio la oportunidad a mis abuelos de asistir a la universidad, comprar su primera casa y realizar la promesa básica que es el corazón de la historia estadounidense: la promesa que asegura que el esfuerzo rendirá frutos; la responsabilidad será premiada; que todos tienen una oportunidad justa; y que todos aportan lo que les corresponde y siguen las mismas reglas—desde nuestras comunidades hasta Wall Street y Washington, DC.

Yo me postulé a la presidencia porque vi que esa promesa básica se nos estaba escapando. Comencé mi carrera ayudando a la gente que estaba a la sombra de una fábrica de acero cerrada en una época cuando empezaban a trasladar demasiados buenos empleos al extranjero. Y para el 2008, habíamos presenciado casi una década durante la cual las familias se enfrentaban a costos crecientes y salarios estancados; acumulando más y más deudas sólo para cumplir con las mensualidades de la hipoteca o pagar los costos universitarios; para llenar el tanque del auto o pagar la comida. Y cuando la casa de naipes se desplomó en la Gran Recesión, millones de estadounidenses inocentes perdieron sus empleos, sus casas y todos sus ahorros—una tragedia de la cual todavía nos estamos recuperando.

Ahora, nuestros amigos en la convención republicana estaban más que felices de hablar sobre todo lo que piensan que está mal en Estados Unidos pero no tuvieron mucho que decir sobre como lo arreglarían. Ellos quieren sus votos pero no quieren que conozcan su plan. Por qué lo único que tienen para ofrecer es la misma fórmula que han tenido por los últimos treinta años:  

“¿Tienen un superávit? Apliquen una reducción de impuestos”

“¿Un déficit muy alto? Apliquen otra.”

“Creen que se van a resfriar? Tómense dos reducciones de impuestos, deroguen algunas regulaciones y llámenos mañana.

Ahora, he reducido los impuestos para aquellos que lo necesitan—las familias de la clase media y las pequeñas empresas. Pero no crean que otra serie de reducciones de impuestos para millonarios traerá buenos empleos a nuestras costas y que reducirá nuestro déficit. No crean que despedir maestros o quitarles la ayuda financiera a los estudiantes hará crecer la economía o que nos ayudará a competir con los científicos y los ingenieros que están saliendo de la China. Después de todo lo que hemos pasado, no creo que derogar las regulaciones en Wall Street ayudará a la pequeña empresaria a ampliar su empresa o al trabajador de construcción despedido a proteger su casa. Ya hemos pasado por eso, hemos probado eso y no regresaremos. Estamos moviéndonos hacia adelante.
No fingiré que el camino que les ofrezco es rápido o fácil. Nunca lo he hecho. No me eligieron para que les dijera lo que quieren escuchar. Me eligieron para decirles la verdad. Y la verdad es que nos tomará más que un par de años para resolver los retos que se han desarrollado a lo largo de décadas. Requerirá un esfuerzo colectivo, todos tendremos la responsabilidad y también el tipo de experimentación audaz y persistente que persiguió Franklin Roosevelt cuando estaba pasando por la única crisis que fue peor que esta. Y además—aquellos de nosotros que continuamos el legado de su partido debemos recordar que no todos los problemas pueden resolverse con otro programa de gobierno u orden desde Washington.

Pero tengan confianza en esto, América: Nuestros problemas pueden ser resueltos. Nuestros desafíos pueden ser vencidos. El camino que ofrecemos de repente es más difícil, pero nos lleva a un lugar mejor. Les estoy pidiendo que escojan ese futuro. Les estoy pidiendo que respalden una serie de metas para su país—metas para la manufactura, energía, educación, seguridad nacional y con respecto al déficit; un plan real y alcanzable que nos ayudará a crear nuevos empleos, más oportunidades y nos ayudará a reconstruir esta economía sobre cimientos más fuertes. Eso es lo que podemos hacer en los próximos cuatro años y por eso me estoy postulando para un segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos.

Podemos escoger un futuro en el cual exportamos más productos y se trasladan menos empleos al extranjero. Después de una década definida por lo que comprábamos y tomábamos prestado, estamos regresando a lo esencial y haciendo lo que América mejor hace:

Estamos produciendo de nuevo.

He conocido trabajadores en Detroit y en Toledo que temían que nunca más construirían un auto estadounidense. Hoy, se esmeran por construir los suficientes, porque reinventamos una industria que estaba cerca de extinguirse y que ahora está nuevamente en la cima del mundo.

He trabajado con líderes del sector privado, empresarios que están trayendo empleos de regreso a los Estados Unidos – no porque nuestros empleados ganen un salario mas bajo, pero porque generamos mejores productos. Porque  trabajamos con más empeño y de una manera más inteligente que cualquier otro.

He firmado acuerdos comerciales que están ayudando a nuestras compañías, para que puedan vender más productos a millones de nuevos clientes – productos que vienen marcados con cuatro palabras que nos llenan de orgullo: Hecho enEstados Unidos..

Después de una década de declive, este país ha generado más de medio millón de empleos en el sector manufacturero en los últimos dos años y medio. Y ahora tienen una decisión que tomar: le podemos dar más reducciones de impuestos a las corporaciones que envían empleos al extranjero, o podemos generar nuevos empleos aquí, en los Estados Unidos de América. Ustedes pueden asegurar que eso se vuelva realidad. Ustedes pueden escoger ese futuro.

Pueden escoger un camino donde controlamos más de nuestra propia energía. Y después de treinta años de inacción, aumentamos los estándares de combustibles para que a medias de la próxima década, los autos y camionetas puedan ir dos veces más lejos con un galón de gasolina.  Hemos duplicado nuestro uso de energía renovable, y miles de estadounidenses ahora trabajan en la construcción de molinos de viento y baterías duraderas. Solo en el último año, ya hemos recortado las importaciones de petróleo por un millón de barriles al día –más que cualquier otra administración en la historia moderna.  Y ahora, los Estados Unidos de América depende menos en el petróleo extranjero que en cualquier otro tiempo en casi dos décadas.

Ahora, tenemos una decisión—entre una estrategia que le da la vuelta a este progreso, o una que construye en base a él. En los últimos tres años, hemos abierto para la exploración petrolera y de gas natural nueva hectáreas, y abriremos más. Pero, a diferencia de mi contrincante, no permitiré que las empresas petroleras dicten el plan energético de este país, o que pongan en peligro nuestras costas, o recibir otros $4 miles de millones en asistencia corporativa de parte de nuestros contribuyentes.

 Nosotros ofrecemos un mejor camino—un futuro donde continuamos invirtiendo en energía eólica, solar, y carbón no contaminante; donde agricultores y científicos aprovechan biocombustibles nuevos para nuestros carros y camiones; donde obreros de la construcción construyen casas y fábricas que usan menos energía; donde desarrollamos un abastecimiento del gas natural que está en nuestras tierras para durarnos por cien años. Si ustedes eligen este camino, podemos reducir nuestras importaciones petroleras por la mitad para el 2020 y apoyar la generación de más de 600,000 nuevos trabajos solo en la industria de gas natural.

Y sí, mi plan continuará reduciendo la contaminación carbónica que esta calentando nuestro planeta—porque el cambio climático no es un engaño. Más sequías e inundaciones y fuegos no son una broma. Son una amenaza al futuro de nuestros hijos. Y en esta elección, puedes hacer algo para cambiarlo.

Pueden elegir un futuro donde más estadounidenses tienen la oportunidad de obtener las habilidades para competir, sin importar su edad o cuánto dinero tienen. La educación fue mi puerta a la oportunidad. Fue la puerta para Michelle. Y hoy, más que nunca, es la puerta para acceder a la clase media.

Por la primera vez en una generación, casi todos los estados han respondido a nuestro llamado a elevar los estándares de la enseñanza y el aprendizaje. Algunas de nuestras peores escuelas en el país han realizado avances significantes en matemáticas y lectura. Hoy, millones de estudiantes están pagando menos por la universidad porque finalmente enfrentamos un sistema que desperdiciaba miles de millones de dólares del contribuyente en bancos y prestamistas.

Y ahora, tienen una decisión—podemos recortar la educación, o podemos decidir que, en los Estados Unidos de America, ningún niño merece que se aplacen sus sueños por grupos escolares demasiado grandes o una escuela que se está derrumbando. Ninguna familia debería dejar al lado una carta de aceptación universitaria porque no tienen el dinero suficiente. Ninguna empresa debería buscar trabajadores en China porque no pudieron encontrar trabajadores con las habilidades necesarias aquí.

El gobierno tiene un papel que jugar. Pero nuestros maestros tiene que inspirar al liderazgo; directores de escuelas tienen que inculcar un apetito para el aprendizaje, y estudiantes, ustedes tienen que hacer el trabajo. Y hoy, les prometo—podemos educar mejor que y competir mejor que cualquier país en el mundo. Ayúdenme a reclutar a 100,000 maestros de matemáticas y ciencias, y mejorar la enseñanza infantil. Ayúdenme a darle a dos millones de trabajadores la oportunidad de aprender nuevas habilidades en un colegio comunitario que resultarán en un trabajo. Ayúdenos a trabajar con colegios y universidades para reducir la tasa del aumento de la matrícula universitaria en la próxima década. Juntos, podemos cumplir con esa meta. Ustedes pueden elegir ese futuro para Estados Unidos.

En un mundo de nuevas amenazas y retos, ustedes pueden elegir a liderazgo que ha sido puesto a prueba y cumplió. Hace cuatro años, prometí terminar la guerra en Irak. Lo logramos. Prometí volvernos a enfocar en los terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre. Lo hemos hecho. Hemos debilitado al Talibán en Afganistán, y en el 2014, nuestra guerra más larga llegará a su fin. Una torre nueva luce en el perfil de la Ciudad de Nueva York, al Qaeda está en el camino hacia la derrota, y Osama bin Laden está muerto.

Esta noche, les rendimos homenaje a los estadounidenses que sirven en situaciones peligrosas. Les debemos una deuda eterna a aquella generación cuyos sacrificios hicieron más seguro y respetado a nuestro país. Nunca los olvidaremos. Así que, mientras sea el Comandante en Jefe, sostendremos la fuerza militar más fuerte en la historia del mundo. Cuando ustedes dejen de portar el uniforme, los atenderemos de la misma manera en la que ustedes nos protegieron—porque nadie que luche por este país debe luchar por un trabajo, o por un hogar, o por el cuidado médico que necesitan al regresar a casa.

En todo el mundo, hemos fortalecido viejas alianzas y forjado nuevas coaliciones para detener la profileración de armas nucleares. Hemos reafirmado nuestro poder por todo el Pacífico y nos hemos enfrentado a China para defender a nuestros trabajadores. Desde Birmania a Libia hasta Sudán de Sur, hemos avanzado los derechos y la dignidad de todos los seres humanos—hombres y mujeres; cristianos, musulmanes y judíos.

Pero con todo y el progreso que hemos logrado, permanecen desafíos. Los planes terroristas deben ser interrumpidos. La crisis en Europa debe contenerse. No podemos flaquear en nuestro compromiso a la seguridad de Israel, y tampoco en nuestra búsqueda de la paz. El gobierno iraní debe encarar un mundo unido en contra de sus ambiciones nucleares. El cambio histórico que está envolviendo al mundo árabe no debe definirse por la mano dura de un dictador o el odio de extremistas sino por las esperanzas y aspiraciones de personas comunes quienes está buscando los mismos derechos que celebramos hoy.

Ahora enfrentamos una decisión. Mi contrincante y su compañero de fórmula son novatos en la política exterior pero según hemos visto y escuchado, quieren regresarnos a una época de amenazas y torpezas que le costó a Estado Unidos un precio demasiado alto.

Después de todo, no llamas a Rusia tu enemigo número uno—y no al Qaeda—a menos que sigas viviendo en la época de la guerra fría. Quizás no estés listo para la diplomacia con Beijing si no puedes asistir a las Olimpiadas sin insultar a nuestro aliado más cercano. Mi contrincante dijo que fue “trágico” ponerle fin a la guerra en Irak y no nos dice como le pondría fin a la guerra en Afganistán. Yo lo hecho y lo haré. Y mientras mi contrincante  gastaría más en equipo militar que nuestra Junta de Jefes del Estado Mayor no quiere, yo usaría el dinero que ya no estamos gastando en la guerra para pagar nuestro déficit y regresar a la gente al trabajo—reconstruyendo calles y puentes; escuelas y pistas de aterrizaje. Después de dos guerras que nos han costado miles de vidas y millones de millones de dólares, es hora de reconstruir nuestro propio país.

Puedes escoger un futuro en el cual reducimos nuestro déficit sin perjudicar a nuestra clase media. Análisis independientes demuestran que mi plan reduciría nuestro déficit por $4 millones de millones. El verano pasado, trabajé con republicanos en el Congreso para recortar $1millón de millones en gastos—porque aquellos de nosotros que creemos que el gobierno puede ser una fuerza del bien debemos esforzarnos más que los demás para reformarlo, para que sea más compacto, más eficiente y más sensible a las necesidades del pueblo estadounidenses.
Quiero reformar el código tributario para que sea más sencillo, justo y para que pida que las familias más ricas paguen impuestos más altos en ingreso mayores a $250,000—la misma tasa que tuvimos cuando Bill Clinton era presidente; la misma tasa que tuvimos cuando nuestra economía generó casi 23 millones de nuevos empleos, el superávit más grande de la historia y muchos millonario para rematar.

Ahora, sigo entusiasmado por llegar a un acuerdo basado en los principios de mi comisión bipartidista de deuda. No hay ningún partido que tenga un  monopolio en la sabiduría. No hay democracia que funcione sin acuerdo. Pero cuando el Gobernador Romney y sus aliados en el Congreso nos dijeron que, no se como, podemos reducir el déficit gastando millones de millones adicionales en nuevas reducciones de impuestos para los ricos- bueno, ustedes hagan las cuentas. No estuve de acuerdo con eso.  Y mientras sea presidente, nunca estaré de acuerdo con eso.

Me niego a pedirles a nuestras familias de la clase media a ceder sus deducciones por tener una casa o por criar a sus hijos sólo para pagar las reducciones de impuestos de millonarios. Me  niego a pedir que los estudiantes paguen más por la universidad; o a echar a niños de los programas de Head Start, o a eliminar el seguro médico para millones de estadounidenses pobres, personas de la tercera edad o incapacitados- todo para que los que tienen más paguen menos.

Y nunca convertiré Medicare en un libreta de cupones. Ningún estadounidense debe pasar sus mejores años a la merced de las compañías de seguro médico. Deben jubilarse con el cuidado y la dignidad que se merecen. Sí, vamos a reformar y a reforzar Medicare para el largo camino pero lo haremos reduciendo el costo del cuidado médico– no pidiendo que las personas de la tercera edad paguen miles de dólares más. Y vamos a retener la promesa del Seguro Social tomando los pasos responsables para reforzarlo- no entregándoselo a Wall Street.

Esta es la decisión que enfrentamos.  De esto se trata esta elección. Una y otra vez, nuestros adversarios nos han dicho que recortes de impuestos más amplios y menos regulaciones son la única opción; que como el gobierno no puede hacer todo, debe hacer casi nada.  Y que si no puedes pagar por un seguro médico, pídele a Dios que no te enfermes. Y que si una compañía contamina el aire que nuestros niños respiran, pues, ese es el precio del progreso. Si usted no puede financiar el inicio de su negocio, o pagar una educación universitaria, siga el consejo de mi contrincante y “pídanle dinero prestado a sus padres”

¿Saben qué? Nosotros no somos así, nuestro país no es así. Como estadounidenses, creemos que somos dotados por nuestro Creador con ciertos derechos inalienables -los derechos que ningún hombre o gobierno nos puede quitar. Insistimos en la responsabilidad personal y celebramos el esfuerzo individual. No tenemos el derecho al éxito—hay que ganarlo. Honramos a los luchadores, a los soñadores, a aquellos que toman riesgos- que siempre han sido la fuerza que impulsa a nuestro sistema de libre empresa- el motor más grande del crecimiento y prosperidad que el mundo ha conocido.

Pero también creemos en algo que se llama la ciudadanía – una palabra que fue el centro de nuestra fundación, es la esencia de nuestra democracia, la idea que este país sólo funciona cuando todos aceptamos ciertas obligaciones hacia nuestros prójimos y hacia las generaciones futuras.

Creemos que cuando un presidente de una empresa automotriz les paga a sus trabajadores lo suficiente para comprar los coches que ellos construyen, toda la compañía gana.

Creemos que cuando una familia no puede ser engañada al firmar una hipoteca que no puede pagar, esa familia es protegida y también se protege el valor de los hogares de los demás, y también se protege toda la economía.

Creemos que la niña a la cual se le ofrece un escape de la pobreza gracias a una gran maestra o a una beca universitaria puede convertirse en la próxima fundadora de Google, o la científica que cura el cáncer, o la Presidente de los Estados Unidos—y tenemos el poder para darle esa oportunidad.

Sabemos que iglesias y organizaciones benéficas pueden marcar una diferencia más grande que un programa en contra de la pobreza. No queremos darles favores a aquellos que no quieren trabajar por su propio bien ni queremos rescates para bancos que no siguen las reglas. No pensamos que el gobierno puede solucionar todos nuestros problemas.  Pero tampoco creemos que el gobierno sea la fuente de todos los problemas—o que tampoco lo son, los beneficiarios de asistencia social, o las corporaciones, o los sindicatos, o los inmigrantes, o los gays, o cualquier otro grupo que dicen que es el culpable por todos nuestros problemas.

Porque entendemos que esta democracia es nuestra.

Nosotros, los ciudadanos, reconocemos que tenemos responsabilidades al igual que derechos; que hay un vínculo entre nuestros destinos; que una libertad que sólo pregunta, “¿qué hay para mi?, una libertad sin compromiso a los demás, una libertad sin amor o caridad u obligación o patriotismo, no es digna de los ideales en los que se fundó este país, y de aquellos que murieron defendiéndolo.

Como ciudadanos, entendemos que Estados Unidos no se trata de lo que se puede hacer por nosotros. Se trata de lo que podemos hacer, juntos, a través del trabajo duro, trabajo frustrante, pero necesario, el trabajo de auto-gobernarse.

Como ven, hace cuatro años, la elección no se trataba de mí. Se trataba de ustedes. Ciudadanos compañeros, ustedes eran el cambio.

Ustedes son la razón por la cual una niña con un defecto cardiaco en Phoenix recibirá la cirugía que necesita porque una compañía de seguro médico no puede limitar su cobertura. Ustedes lograron eso.

Ustedes son la razón por la cual un joven en Colorado, que nunca pensó que podía pagar por cumplir su sueño de hacerse doctor, está a punto de cumplirlo. Ustedes lo hicieron posible.

Ustedes son la razón por la cual una joven inmigrante que se crio aquí, que se educó aquí, y que hizo un juramento a nuestra bandera, no será deportada del único país que conoce como su hogar; la razón por la cual no expulsaremos a soldados altruistas de nuestras fuerzas armadas por ser quienes son o por amar a quienes aman; la razón por la cual miles de familias por fin pueden decirles a sus valientes seres queridos: “Bienvenidos a casa.”

Si dan la espalda en este momento—si creen en el cinismo que dice que el cambio por el cual luchamos no es posible…pues, ese cambio no se dará. Si no creen que su voz puede marcar la diferencia, pues otras voces serán las que se escucharán: las de cabilderos e intereses especiales; las personas con cheques de 10 millones de dólares que quieren comprar esta elección y que hacen que ejercer su voto sea más difícil; los políticos de Washington que quieren dictar con quién se casarán, o controlar las decisiones que las mujeres pueden tomas sobre su propia salud.

Ustedes son los únicos que pueden asegurarse de que esto ocurra. Ustedes son los únicos con el poder de llevarnos para adelante.

Reconozco que mucho ha cambiado desde la primera vez que me dirigí a esta convención. El mundo ha cambiado—y también yo he cambiado.

Ya no soy solamente un candidato. Soy el Presidente. Sé lo que significa mandar a estadounidenses a la guerra, porque he abrazado a madres y padres cuyos hijos no regresaron a casa. He compartido el dolor de familias que perdieron sus casas, y las frustraciones de trabajadores que perdieron sus trabajos. Si los críticos aciertan cuando dicen que tomo mis decisiones en base a las encuestas, entonces significa que no sé interpretarlas muy bien. Y, mientras siento orgullo por lo que hemos logrado, estoy aún más consciente de mis fallas, conozco exactamente lo que Lincoln quiso decir cuando dijo, “La convicción aplastante de que ya no tengo a donde ir, me ha dejado en rodillas varias veces.”

Pero parado aquí esta noche, frente a ustedes, nunca he sentido más esperanza por los Estados Unidos. No porque yo pretendo tener todas las respuestas. No porque no entienda por completo la enormidad de los retos.

Tengo esperanza gracias a ustedes.

La mujer que conocí en una feria de ciencia que ganó un reconocimiento nacional por su investigación en el campo de biología, mientras vivía con su familia en un refugio para desamparados—ella me da esperanza.

El trabajador en la industria automotriz que se ganó la lotería después de que casi se cerró la fábrica donde trabajaba, pero que siguió presentándose en su trabajo cada día, y compró banderas para toda la ciudad y uno de los carros que ayudó a construir para sorprender a su esposa—él me da esperanza.

El negocio familiar en Warroad, Minnesota que no corrió a ni uno de sus cuatro mil empleados durante la recesión, aun cuando su competencia cerró decenas de fábricas, aun si significaba que los dueños tenían que hacer sin algunos de sus beneficios y sueldo—porque entendieron que su más importante inversión era su comunidad  y los trabajadores que les ayudaron a construir ese negocio—ellos me dan esperanza.

Y aquel joven marinero que conocí en el hospital Walter Reed, que se recuperaba de un ataque de granada que resultó en la amputación de su pierna. Hace seis meses, yo lo vi entrar a una cena en la Casa Blanca en honor a aquellos que sirvieron en Irak, alto, portando 20 libras extra, guapo en su uniforme, con una enorme sonrisa en el rostro, con paso seguro gracias a su nueva pierna. Y me acordé como, unos meses después, en un día de primavera brillante, lo vi montado en una bicicleta, en una carrera con otros compañeros lesionados, inspirando a los héroes que apenas comenzaban el camino difícil que él había recorrido. 

Él me da esperanza.

 

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No sé a que partido pertenecen estas mujeres y estos hombres. No sé si votarán por mí. Pero sé que su espíritu nos define. Me recuerdan, en las palabras de las Sagradas Escrituras, que nuestro futuro es uno lleno de esperanza.

Y si ustedes comparten esa fe conmigo- si es que comparten esta esperanza conmigo- esta noche les pido su voto.

Si rechazan la noción de que la promesa de esta nación está reservada para unos cuantos, su voz será escuchada en esta elección.

Si es que rechazan la noción de que nuestro gobierno está por siempre sujeto para el mejor postor, necesitan levantarse en esta elección

Si usted cree que nuestras plantas y nuestras fabricas pueden popular el paisaje; que nueva energía puede propulsar nuestro futuro; que nuevas escuelas pueden proveer las escaleras de la oportunidad a esta nación de soñadores; si usted cree en un país en donde todos tienen las mismas oportunidades, y donde todos hacen su parte, y donde todos juegan por las mismas reglas, entonces necesito que voten este noviembre.

Estados Unidos, nunca dije que este viaje iba a ser fácil, y no voy a prometer eso ahora. Sí, nuestro camino es más difícil- pero nos lleva a un lugar mejor. Sí, nuestro camino es mas largo- pero viajamos juntos. No nos vamos a dar la vuelta. Vamos a ayudarnos unos a otros. Vamos a sacar nuestras fuerzas de nuestras victorias, y vamos a aprender de nuestros errores, pero vamos a tener nuestra mirada puesta en el horizonte distante, sabiendo que la Divina Providencia está con nosotros, y que ciertamente estamos bendecidos de ser ciudadanos de esta gran nación en la Tierra.

Gracias, y que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a los Estados Unidos

 

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 FWD: President Obama’s Remarks to the 2012 Democratic National Convention

CHICAGO — Tonight, in his remarks to the Democratic National Convention, President Obama asked the country to rally around a set of concrete goals to move the country forward toward an economy that grows from the middle out, not the top down. This roadmap —  a real, achievable plan that will create jobs, expand opportunity, and strengthen the middle class — will deliver concrete results in the key areas of manufacturing, energy, education, national security, and the deficit.

Below are President Obama’s remarks as prepared for delivery —

Michelle, I love you. The other night, I think the entire country saw just how lucky I am. Malia and Sasha, you make me so proud…but don’t get any ideas, you’re still going to class tomorrow.  And Joe Biden, thank you for being the best Vice President I could ever hope for.

Madam Chairwoman, delegates, I accept your nomination for President of the United States.

The first time I addressed this convention in 2004, I was a younger man; a Senate candidate from Illinois who spoke about hope – not blind optimism or wishful thinking, but hope in the face of difficulty; hope in the face of uncertainty; that dogged faith in the future which has pushed this nation forward, even when the odds are great; even when the road is long.

Eight years later, that hope has been tested – by the cost of war; by one of the worst economic crises in history; and by political gridlock that’s left us wondering whether it’s still possible to tackle the challenges of our time.

I know that campaigns can seem small, and even silly.  Trivial things become big distractions.  Serious issues become sound bites.  And the truth gets buried under an avalanche of money and advertising.  If you’re sick of hearing me approve this message, believe me – so am I.

But when all is said and done – when you pick up that ballot to vote – you will face the clearest choice of any time in a generation.  Over the next few years, big decisions will be made in Washington, on jobs and the economy; taxes and deficits; energy and education; war and peace – decisions that will have a huge impact on our lives and our children’s lives for decades to come.

On every issue, the choice you face won’t be just between two candidates or two parties.

It will be a choice between two different paths for America.

A choice between two fundamentally different visions for the future.

Ours is a fight to restore the values that built the largest middle class and the strongest economy the world has ever known; the values my grandfather defended as a soldier in Patton’s Army; the values that drove my grandmother to work on a bomber assembly line while he was gone.

They knew they were part of something larger – a nation that triumphed over fascism and depression; a nation where the most innovative businesses turned out the world’s best products, and everyone shared in the pride and success – from the corner office to the factory floor.  My grandparents were given the chance to go to college, buy their first home, and fulfill the basic bargain at the heart of America’s story:  the promise that hard work will pay off; that responsibility will be rewarded; that everyone gets a fair shot, and everyone does their fair share, and everyone plays by the same rules – from Main Street to Wall Street to Washington, DC.

I ran for President because I saw that basic bargain slipping away.  I began my career helping people in the shadow of a shuttered steel mill, at a time when too many good jobs were starting to move overseas.  And by 2008, we had seen nearly a decade in which families struggled with costs that kept rising but paychecks that didn’t; racking up more and more debt just to make the mortgage or pay tuition; to put gas in the car or food on the table.  And when the house of cards collapsed in the Great Recession, millions of innocent Americans lost their jobs, their homes, and their life savings – a tragedy from which we are still fighting to recover.

Now, our friends at the Republican convention were more than happy to talk about everything they think is wrong with America, but they didn’t have much to say about how they’d make it right.  They want your vote, but they don’t want you to know their plan.  And that’s because all they have to offer is the same prescription they’ve had for the last thirty years:

“Have a surplus? Try a tax cut.”

“Deficit too high? Try another.”

“Feel a cold coming on? Take two tax cuts, roll back some regulations, and call us in the morning!”

Now, I’ve cut taxes for those who need it – middle-class families and small businesses.  But I don’t believe that another round of tax breaks for millionaires will bring good jobs to our shores, or pay down our deficit.  I don’t believe that firing teachers or kicking students off financial aid will grow the economy, or help us compete with the scientists and engineers coming out of China.  After all that we’ve been through, I don’t believe that rolling back regulations on Wall Street will help the small businesswoman expand, or the laid-off construction worker keep his home.  We’ve been there, we’ve tried that, and we’re not going back.   We’re moving forward.

I won’t pretend the path I’m offering is quick or easy.  I never have.  You didn’t elect me to tell you what you wanted to hear.  You elected me to tell you the truth.  And the truth is, it will take more than a few years for us to solve challenges that have built up over decades.  It will require common effort, shared responsibility, and the kind of bold, persistent experimentation that Franklin Roosevelt pursued during the only crisis worse than this one.  And by the way – those of us who carry on his party’s legacy should remember that not every problem can be remedied with another government program or dictate from Washington.

But know this, America:  Our problems can be solved.  Our challenges can be met.  The path we offer may be harder, but it leads to a better place. And I’m asking you to choose that future.  I’m asking you to rally around a set of goals for your country – goals in manufacturing, energy, education, national security, and the deficit; a real, achievable plan that will lead to new jobs, more opportunity, and rebuild this economy on a stronger foundation.   That’s what we can do in the next four years, and that’s why I’m running for a second term as President of the United States.

We can choose a future where we export more products and outsource fewer jobs.  After a decade that was defined by what we bought and borrowed, we’re getting back to basics, and doing what America has always done best:

We’re making things again.

I’ve met workers in Detroit and Toledo who feared they’d never build another American car.  Today, they can’t build them fast enough, because we reinvented a dying auto industry that’s back on top of the world.

I’ve worked with business leaders who are bringing jobs back to America – not because our workers make less pay, but because we make better products.  Because we work harder and smarter than anyone else.

I’ve signed trade agreements that are helping our companies sell more goods to millions of new customers – goods that are stamped with three proud words:  Made in America.

After a decade of decline, this country created over half a million manufacturing jobs in the last two and a half years.  And now you have a choice:  we can give more tax breaks to corporations that ship jobs overseas, or we can start rewarding companies that open new plants and train new workers and create new jobs here, in the United States of America.  We can help big factories and small businesses double their exports, and if we choose this path, we can create a million new manufacturing jobs in the next four years.  You can make that happen.  You can choose that future.

You can choose the path where we control more of our own energy.  After thirty years of inaction, we raised fuel standards so that by the middle of the next decade, cars and trucks will go twice as far on a gallon of gas.   We’ve doubled our use of renewable energy, and thousands of Americans have jobs today building wind turbines and long-lasting batteries.  In the last year alone, we cut oil imports by one million barrels a day – more than any administration in recent history.  And today, the United States of America is less dependent on foreign oil than at any time in nearly two decades.

Now you have a choice – between a strategy that reverses this progress, or one that builds on it.  We’ve opened millions of new acres for oil and gas exploration in the last three years, and we’ll open more.  But unlike my opponent, I will not let oil companies write this country’s energy plan, or endanger our coastlines, or collect another $4 billion in corporate welfare from our taxpayers.

We’re offering a better path – a future where we keep investing in wind and solar and clean coal; where farmers and scientists harness new biofuels to power our cars and trucks; where construction workers build homes and factories that waste less energy; where we develop a hundred year supply of natural gas that’s right beneath our feet.  If you choose this path, we can cut our oil imports in half by 2020 and support more than 600,000 new jobs in natural gas alone.

And yes, my plan will continue to reduce the carbon pollution that is heating our planet – because climate change is not a hoax.  More droughts and floods and wildfires are not a joke.  They’re a threat to our children’s future.  And in this election, you can do something about it.

You can choose a future where more Americans have the chance to gain the skills they need to compete, no matter how old they are or how much money they have.  Education was the gateway to opportunity for me.  It was the gateway for Michelle.  And now more than ever, it is the gateway to a middle-class life.

For the first time in a generation, nearly every state has answered our call to raise their standards for teaching and learning.  Some of the worst schools in the country have made real gains in math and reading.  Millions of students are paying less for college today because we finally took on a system that wasted billions of taxpayer dollars on banks and lenders.

And now you have a choice – we can gut education, or we can decide that in the United States of America, no child should have her dreams deferred because of a crowded classroom or a crumbling school.  No family should have to set aside a college acceptance letter because they don’t have the money.  No company should have to look for workers in China because they couldn’t find any with the right skills here at home.

Government has a role in this.  But teachers must inspire; principals must lead; parents must instill a thirst for learning, and students, you’ve got to do the work.  And together, I promise you – we can out-educate and out-compete any country on Earth.  Help me recruit 100,000 math and science teachers in the next ten years, and improve early childhood education.  Help give two million workers the chance to learn skills at their community college that will lead directly to a job.  Help us work with colleges and universities to cut in half the growth of tuition costs over the next ten years.  We can meet that goal together.  You can choose that future for America.

In a world of new threats and new challenges, you can choose leadership that has been tested and proven.  Four years ago, I promised to end the war in Iraq.  We did.  I promised to refocus on the terrorists who actually attacked us on 9/11.  We have.  We’ve blunted the Taliban’s momentum in Afghanistan, and in 2014, our longest war will be over.  A new tower rises above the New York skyline, al Qaeda is on the path to defeat, and Osama bin Laden is dead.

Tonight, we pay tribute to the Americans who still serve in harm’s way.  We are forever in debt to a generation whose sacrifice has made this country safer and more respected.  We will never forget you.  And so long as I’m Commander-in-Chief, we will sustain the strongest military the world has ever known.  When you take off the uniform, we will serve you as well as you’ve served us – because no one who fights for this country should have to fight for a job, or a roof over their head, or the care that they need when they come home.

Around the world, we’ve strengthened old alliances and forged new coalitions to stop the spread of nuclear weapons.  We’ve reasserted our power across the Pacific and stood up to China on behalf of our workers.  From Burma to Libya to South Sudan, we have advanced the rights and dignity of all human beings – men and women; Christians and Muslims and Jews.

But for all the progress we’ve made, challenges remain.  Terrorist plots must be disrupted.  Europe’s crisis must be contained.  Our commitment to Israel’s security must not waver, and neither must our pursuit of peace.  The Iranian government must face a world that stays united against its nuclear ambitions.  The historic change sweeping across the Arab World must be defined not by the iron fist of a dictator or the hate of extremists, but by the hopes and aspirations of ordinary people who are reaching for the same rights that we celebrate today.

So now we face a choice.  My opponent and his running mate are new to foreign policy, but from all that we’ve seen and heard, they want to take us back to an era of blustering and blundering that cost America so dearly.

After all, you don’t call Russia our number one enemy – and not al Qaeda – unless you’re still stuck in a Cold War time warp.  You might not be ready for diplomacy with Beijing if you can’t visit the Olympics without insulting our closest ally.  My opponent said it was “tragic” to end the war in Iraq, and he won’t tell us how he’ll end the war in Afghanistan.  I have, and I will.  And while my opponent would spend more money on military hardware that our Joint Chiefs don’t even want, I’ll use the money we’re no longer spending on war to pay down our debt and put more people back to work – rebuilding roads and bridges; schools and runways.  After two wars that have cost us thousands of lives and over a trillion dollars, it’s time to do some nation-building right here at home.

You can choose a future where we reduce our deficit without wrecking our middle class.  Independent analysis shows that my plan would cut our deficits by $4 trillion.  Last summer, I worked with Republicans in Congress to cut $1 trillion in spending – because those of us who believe government can be a force for good should work harder than anyone to reform it, so that it’s leaner, more efficient, and more responsive to the American people.

I want to reform the tax code so that it’s simple, fair, and asks the wealthiest households to pay higher taxes on incomes over $250,000 – the same rate we had when Bill Clinton was president; the same rate we had when our economy created nearly 23 million new jobs, the biggest surplus in history, and a lot of millionaires to boot.

Now, I’m still eager to reach an agreement based on the principles of my bipartisan debt commission.  No party has a monopoly on wisdom.  No democracy works without compromise.  But when Governor Romney and his allies in Congress tell us we can somehow lower our deficit by spending trillions more on new tax breaks for the wealthy – well, you do the math.  I refuse to go along with that.  And as long as I’m President, I never will.

I refuse to ask middle class families to give up their deductions for owning a home or raising their kids just to pay for another millionaire’s tax cut.  I refuse to ask students to pay more for college; or kick children out of Head Start programs, or eliminate health insurance for millions of Americans who are poor, elderly, or disabled – all so those with the most can pay less.

And I will never turn Medicare into a voucher.  No American should ever have to spend their golden years at the mercy of insurance companies.  They should retire with the care and dignity they have earned.  Yes, we will reform and strengthen Medicare for the long haul, but we’ll do it by reducing the cost of health care – not by asking seniors to pay thousands of dollars more.  And we will keep the promise of Social Security by taking the responsible steps to strengthen it – not by turning it over to Wall Street.

This is the choice we now face.  This is what the election comes down to.  Over and over, we have been told by our opponents that bigger tax cuts and fewer regulations are the only way; that since government can’t do everything, it should do almost nothing.  If you can’t afford health insurance, hope that you don’t get sick.  If a company releases toxic pollution into the air your children breathe, well, that’s just the price of progress.  If you can’t afford to start a business or go to college, take my opponent’s advice and “borrow money from your parents.”

You know what?  That’s not who we are.  That’s not what this country’s about.  As Americans, we believe we are endowed by our Creator with certain inalienable rights – rights that no man or government can take away.  We insist on personal responsibility and we celebrate individual initiative.  We’re not entitled to success.  We have to earn it.  We honor the strivers, the dreamers, the risk-takers who have always been the driving force behind our free enterprise system – the greatest engine of growth and prosperity the world has ever known.

But we also believe in something called citizenship – a word at the very heart of our founding, at the very essence of our democracy; the idea that this country only works when we accept certain obligations to one another, and to future generations.

We believe that when a CEO pays his autoworkers enough to buy the cars that they build, the whole company does better.

We believe that when a family can no longer be tricked into signing a mortgage they can’t afford, that family is protected, but so is the value of other people’s homes, and so is the entire economy.

We believe that a little girl who’s offered an escape from poverty by a great teacher or a grant for college could become the founder of the next Google, or the scientist who cures cancer, or the President of the United States – and it’s in our power to give her that chance.

We know that churches and charities can often make more of a difference than a poverty program alone.  We don’t want handouts for people who refuse to help themselves, and we don’t want bailouts for banks that break the rules.  We don’t think government can solve all our problems.  But we don’t think that government is the source of all our problems – any more than are welfare recipients, or corporations, or unions, or immigrants, or gays, or any other group we’re told to blame for our troubles.

Because we understand that this democracy is ours.

We, the People, recognize that we have responsibilities as well as rights; that our destinies are bound together; that a freedom which only asks what’s in it for me, a freedom without a commitment to others, a freedom without love or charity or duty or patriotism, is unworthy of our founding ideals, and those who died in their defense.

As citizens, we understand that America is not about what can be done for us.  It’s about what can be done by us, together, through the hard and frustrating but necessary work of self-government.

So you see, the election four years ago wasn’t about me.  It was about you.  My fellow citizens – you were the change.

You’re the reason there’s a little girl with a heart disorder in Phoenix who’ll get the surgery she needs because an insurance company can’t limit her coverage.  You did that.

You’re the reason a young man in Colorado who never thought he’d be able to afford his dream of earning a medical degree is about to get that chance.  You made that possible.

You’re the reason a young immigrant who grew up here and went to school here and pledged allegiance to our flag will no longer be deported from the only country she’s ever called home; why selfless soldiers won’t be kicked out of the military because of who they are or who they love; why thousands of families have finally been able to say to the loved ones who served us so bravely: “Welcome home.”

If you turn away now – if you buy into the cynicism that the change we fought for isn’t possible…well, change will not happen.  If you give up on the idea that your voice can make a difference, then other voices will fill the void: lobbyists and special interests; the people with the $10 million checks who are trying to buy this election and those who are making it harder for you to vote; Washington politicians who want to decide who you can marry, or control health care choices that women should make for themselves.

Only you can make sure that doesn’t happen.  Only you have the power to move us forward.

I recognize that times have changed since I first spoke to this convention.  The times have changed – and so have I.

I’m no longer just a candidate.  I’m the President.  I know what it means to send young Americans into battle, for I have held in my arms the mothers and fathers of those who didn’t return.  I’ve shared the pain of families who’ve lost their homes, and the frustration of workers who’ve lost their jobs.  If the critics are right that I’ve made all my decisions based on polls, then I must not be very good at reading them.  And while I’m proud of what we’ve achieved together, I’m far more mindful of my own failings, knowing exactly what Lincoln meant when he said, “I have been driven to my knees many times by the overwhelming conviction that I had no place else to go.”

But as I stand here tonight, I have never been more hopeful about America.  Not because I think I have all the answers.  Not because I’m naïve about the magnitude of our challenges.

I’m hopeful because of you.

The young woman I met at a science fair who won national recognition for her biology research while living with her family at a homeless shelter – she gives me hope.

The auto worker who won the lottery after his plant almost closed, but kept coming to work every day, and bought flags for his whole town and one of the cars that he built to surprise his wife – he gives me hope.

The family business in Warroad, Minnesota that didn’t lay off a single one of their four thousand employees during this recession, even when their competitors shut down dozens of plants, even when it meant the owners gave up some perks and pay – because they understood their biggest asset was the community and the workers who helped build that business – they give me hope.

And I think about the young sailor I met at Walter Reed hospital, still recovering from a grenade attack that would cause him to have his leg amputated above the knee.  Six months ago, I would watch him walk into a White House dinner honoring those who served in Iraq, tall and twenty pounds heavier, dashing in his uniform, with a big grin on his face; sturdy on his new leg.  And I remember how a few months after that I would watch him on a bicycle, racing with his fellow wounded warriors on a sparkling spring day, inspiring other heroes who had just begun the hard path he had traveled.

He gives me hope.

I don’t know what party these men and women belong to.  I don’t know if they’ll vote for me.  But I know that their spirit defines us.  They remind me, in the words of Scripture, that ours is a “future filled with hope.”

And if you share that faith with me – if you share that hope with me – I ask you tonight for your vote.

If you reject the notion that this nation’s promise is reserved for the few, your voice must be heard in this election.

If you reject the notion that our government is forever beholden to the highest bidder, you need to stand up in this election.

If you believe that new plants and factories can dot our landscape; that new energy can power our future; that new schools can provide ladders of opportunity to this nation of dreamers; if you believe in a country where everyone gets a fair shot, and everyone does their fair share, and everyone plays by the same rules, then I need you to vote this November.

America, I never said this journey would be easy, and I won’t promise that now.  Yes, our path is harder – but it leads to a better place.  Yes our road is longer – but we travel it together.  We don’t turn back.  We leave no one behind.  We pull each other up.  We draw strength from our victories, and we learn from our mistakes, but we keep our eyes fixed on that distant horizon, knowing that Providence is with us, and that we are surely blessed to be citizens of the greatest nation on Earth.

Thank you, God bless you, and may God bless these United States.

APARTES: Discurso del presidente Obama ante la Convención Nacional Demócrata 2012

CHICAGO – A continuación, apartes  del discurso del Presidente Obama como fue preparado. El discurso del Presidente incluirá una serie de metas para nuestro país—también encontrará una lista de aquellas metas.

…Pero a fin de cuentas—cuando recojan esa boleta para emitir su voto—enfrentarán la decisión más clara que se le ha presentado a cualquier generación. Durante los próximos años, se tomarán decisiones importantes en Washington, con respecto al empleo y la economía; los impuestos y los déficits; la energía y la educación; la guerra y la paz—decisiones que tendrán un enorme impacto en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos durante décadas.

…En cada tema, la decisión que enfrentarán no sólo será una entre dos candidatos y dos partidos.

…Será una decisión entre dos caminos diferentes para Estados Unidos.

…Una decisión entre dos visiones fundamentalmente distintas para el futuro.

…No voy a pretender que el camino que les ofrezco es rápido o fácil. Nunca lo he hecho. No me eligieron para que les dijera lo que quieren escuchar. Me eligieron para decirles la verdad. Y la verdad es que nos tomará más que un par de años para resolver los retos que se han acumulado a lo largo de décadas. Requerirá un esfuerzo colectivo, responsabilidad compartida y el tipo de experimentación audaz y persistente que implementó Franklin Roosevelt durante la única crisis que fue peor que esta. Y por cierto—aquellos de nosotros que continuamos el legado de su partido debemos recordar que no todos los problemas pueden resolverse con otro programa de gobierno o decreto desde Washington.

…Pero quiero que sepan esto, compatriotas: Nuestros problemas pueden ser resueltos. Nuestros desafíos pueden ser vencidos. El camino que ofrecemos puede ser más difícil, pero nos lleva a un lugar mejor. Les estoy pidiendo que escojan ese futuro. Les estoy pidiendo que respalden una serie de metas para su país—metas para la manufactura, energía, educación, seguridad nacional y con respecto al déficit; un plan real y alcanzable que conllevará a nuevos empleos, a más oportunidades y a reconstruir esta economía sobre cimientos más fuertes. Eso es lo que podemos hacer en los próximos cuatro años y por eso me estoy postulando para un segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos”.

Las metas del Presidente Obama para Estados Unidos

Esta noche, el Presidente Obama le pedirá al país respaldar una serie de metas para la manufactura, la energía, la educación, la seguridad nacional y con respecto al déficit—un plan real y alcanzable que generará empleo, ampliará oportunidades y garantizará una economía duradera

Manufactura
·         Generar un millón de nuevos empleos en el sector manufacturero para finales de 2016
·         Duplicar las exportaciones para finales de 2014

Energía
·         Recortar las importaciones de petróleo en un 50 por ciento para el año 2020
·         Apoyar la creación de 600,000 empleos en la industria de gas natural para finales de la década

Educación
·         Reducir la tasa de crecimiento en los costos universitarios en un 50 por ciento en los próximos 10 años
·         Reclutar a 100,000 maestros de matemáticas y ciencias en los próximos 10 años.
·         Capacitar a dos millones de trabajadores en los colegios comunitarios

Seguridad nacional
·         Invertir en la economía con el dinero que ya no estamos gastando en la guerra

Déficit
·         Reducir el déficit por más de $4 billones ($4 millones de millones) a lo largo de la próxima década

EXCERPTS: President Obama’s Remarks to the 2012 Democratic National Convention

CHICAGO — Below are excerpts of President Obama’s remarks as prepared for delivery. The President’s speech will include a set of goals for our country – and a list of those goals is also provided below.

“But when all is said and done – when you pick up that ballot to vote – you will face the clearest choice of any time in a generation. Over the next few years, big decisions will be made in Washington, on jobs and the economy; taxes and deficits; energy and education; war and peace – decisions that will have a huge impact on our lives and our children’s lives for decades to come.

“On every issue, the choice you face won’t be just between two candidates or two parties.

“It will be a choice between two different paths for America.

“A choice between two fundamentally different visions for the future.

“I won’t pretend the path I’m offering is quick or easy. I never have. You didn’t elect me to tell you what you wanted to hear. You elected me to tell you the truth. And the truth is, it will take more than a few years for us to solve challenges that have built up over decades. It will require common effort, shared responsibility, and the kind of bold, persistent experimentation that Franklin Roosevelt pursued during the only crisis worse than this one. And by the way – those of us who carry on his party’s legacy should remember that not every problem can be remedied with another government program or dictate from Washington.

“But know this, America: Our problems can be solved. Our challenges can be met. The path we offer may be harder, but it leads to a better place. And I’m asking you to choose that future. I’m asking you to rally around a set of goals for your country – goals in manufacturing, energy, education, national security, and the deficit; a real, achievable plan that will lead to new jobs, more opportunity, and rebuild this economy on a stronger foundation. That’s what we can do in the next four years, and that’s why I’m running for a second term as President of the United States.”

President Obama’s Goals for America

Tonight President Obama will ask the country to rally around a set of goals on manufacturing, energy, education, national security, and the deficit – a real, achievable plan that will create jobs, expand opportunity, and ensure an economy built to last.
Manufacturing
·       Create one million new manufacturing jobs by the end of 2016
·       Double exports by the end of 2014
Energy
·       Cut net oil imports in half by 2020
·       Support 600,000 natural gas jobs by the end of the decade
Education
·       Cut the growth of college tuition in half over the next 10 years
·       Recruit 100,000 math and science teachers over the next 10 years
·       Train two million workers for real jobs at community colleges
National Security
·       Invest in the economy with the money we’re no longer spending on war
Deficit
·       Reduce the deficit by more than $4 trillion over the next decade

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