9:12 pm - Saturday September 23, 2017

Discurso de Michelle Obama

Discurso de la Primera Dama Michelle Obama, tal como fue preparado

La siguiente transcripción del discurso, tal como fue preparado para su pronunciamiento, de la Primera Dama Michelle Obama, en la Convención Nacional Demócrata el martes 4 de septiembre de 2012.

Muchas gracias, Elaine…estamos tan agradecidos por el servicio y sacrificio de tu familia…y siempre te respaldaremos.

Durante los pasados años como Primera Dama, he tenido el extraordinario privilegio de viajar por todo este país.

Y dondequiera que he ido, en la gente que he conocido, y en las historias que he escuchado, he visto lo mejor del espíritu estadounidense.

Lo he visto en la increíble bondad y calidez que la gente nos ha mostrado a mí y a mi familia, especialmente a nuestras niñas.

Lo he visto en los maestros y maestras en un distrito escolar al borde de la bancarrota que votaron por mantenerse enseñando sin su paga.

Lo he visto en la gente que se convierte en héroes en un abrir y cerrar de ojos, poniéndose en peligro para salvar a otros…volando a través del país para apagar un incendio…manejando durante horas para salvar los habitantes de un pueblo inundado.

Y lo he visto en nuestros hombres y mujeres uniformados y en nuestras orgullosas familias militares…en los guerreros heridos que me cuentan que no solamente van a caminar de nuevo, sino que van a correr, y que van a correr maratones…en el joven cegado por una bomba en Afganistán que dijo simplemente: “…Daría cien veces mis ojos de nuevo por tener la oportunidad de hacer lo que he hecho y lo que todavía me falta por hacer”.

Todos los días, la gente con quienes me encuentro me inspiran…todos los días ellos me llenan de orgullo…todos los días me recuerdan qué tan bendecidos somos de vivir en la nación más grande sobre la tierra.

El servirles como su Primera Dama es un honor y un privilegio…pero si miramos hacia el lugar donde comenzamos hace cuatro años, todavía tengo algunas preocupaciones acerca de esta jornada que hemos comenzado.

A la vez que creía profundamente en la visión que tenía mi esposo de este país…y estaba segura de que él sería un Presidente extraordinario…como cualquier madre, yo estaba preocupada por lo que esto significaría para nuestras niñas si él tenía esa oportunidad.

¿Cómo las mantendríamos con los pies sobre la tierra bajo el brillo de la atención pública nacional?

¿Cómo se sentirían al ser arrancadas de raíz de su escuela, sus amigos y el único hogar que habían conocido?

Nuestra vida antes de mudarnos a Washington estaba llena de sencillas alegrías…Sábados en los juegos de fútbol, domingos en casa de la abuela…y una cita para Barack y para mí era una cena o una película, porque como una madre agotada, no podía mantenerme despierta para ambas.

Y la verdad es que yo amaba la vida que habíamos construido para nuestras niñas…yo amaba profundamente al hombre con el que había construido esa vida…y no quería que eso cambiara si él se convertía en Presidente.

Yo amaba a Barack simplemente de la manera en que él era.

Ya ven, aún cuando en ese entonces Barack era un Senador y un candidato presidencial…para mí, él era todavía el hombre que pasaba a buscar para nuestras citas en un auto tan oxidado que yo podía ver el pavimento por un orificio de la puerta del lado del pasajero…él era el hombre que tenía como su posesión más preciada una mesita de centro que se había encontrado en un basurero, y cuyo único par de zapatos decente era media talla más chicos de lo que en realidad debía usar.

Pero cuando Barack me comenzó a contar sobre su familia, ahí fue cuando supe que había encontrado un alma gemela, alguien cuyos valores y crianza eran muy similares a los míos.

Ya ven, Barack y yo fuimos criados por familias que no tenían mucho dinero o posesiones materiales, pero que nos habían dado algo mucho más valioso: su amor incondicional, su sacrificio absoluto, y la oportunidad de ir a lugares que ellos nunca habían imaginado para sí mismos.

Mi padre era un operador de bombas en la planta de agua de la ciudad, y le diagnosticaron esclerosis múltiple cuando mi hermano y yo éramos jóvenes.

Y aunque era chica, sabía que había muchos días en los que él sufría de dolor…sabía que había muchas mañanas en las que era una lucha para él el simple hecho de salir de la cama.

Pero cada mañana, veía a mi padre despertarse con una sonrisa, agarrar su caminador, acercarse al lavamanos y afeitarse muy despacio y abotonarse su uniforme.

Y cuando regresaba a casa tras un largo día de trabajo, mi hermano y yo nos parábamos en el extremo superior de la escalera que llevaba a nuestro pequeño apartamento, pacientemente esperando para saludarlo…observando cómo se agachaba para levantar una pierna, y luego la otra, para lentamente subir y llegar a nuestros brazos.

Pero a pesar de estos retos, mi padre casi nunca dejó de asistir un día a su trabajo…él y mi madre tenían la determinación de darnos a mí y a mi hermano la clase de educación con la que ellos solamente pudieron soñar.

Y cuando mi hermano y yo finalmente logramos llegar a la universidad, casi toda nuestra matrícula fue cubierta con préstamos y becas estudiantiles.

Pero mi padre todavía tuvo que pagar una pequeña porción de esa matrícula.

Y cada semestre, él tenía la determinación de pagar esa factura justo a tiempo, aún cuando tuviera que pedir préstamos cuando le faltaba para hacerlo.

Él estaba tan orgulloso de enviar a sus hijos a la universidad…y se aseguró que nunca perdiéramos una fecha límite de registración debido a que su cheque se demorara.

Ya ven, para mi padre, eso es lo que significaba ser un hombre.

Como muchos de nosotros, esa fue la medida de su éxito en la vida: ser capaz de ganarse decentemente la vida de manera que le permitiera mantener a su familia.

Y cuando conocí a Barack, me dí cuenta que aunque él había crecido al otro extremo del país, lo habían criado igual que a mí.

Barack fue criado por una madre soltera que luchó para pagar sus cuentas, y por abuelos que se sumaron cuando ella necesitó ayuda.

La abuela de Barack comenzó como secretaria en un banco comunitario…y rápidamente ascendió de puesto…pero como muchas mujeres, chocó con un techo de cristal.

Y durante años, hombres que no estaban más calificados que ella (hombres a los que en realidad ella había entrenado) fueron promovidos por encima de ella, ganando más y más dinero mientras que la familia de Barack continuaba ara sobreviviendo con las uñas.

Pero día tras día, ella continuó despertándose al amanecer para tomar el autobús…llegando al trabajo antes que los demás…dando lo mejor de sí sin quejarse y sin pretextos.

Y ella frecuentemente le decía a Barack: “Mientras que ustedes, chicos, estén bien, Bar, eso es lo único que interesa”.

Como muchas familias estadounidenses, nuestras familias no pedían mucho.

Ellos no guardaban rencores por los éxitos de otros ni les importaba que otros tuvieran mucho más que lo que ellos tenían…de hecho, los admiraban.

Simplemente creían en esa promesa americana básica que, aún cuando usted comenzara con poco, si trabaja arduamente y hace lo que se supone que haga, usted debería poder construir una vida decente para sí mismo y una vida mejor aún para sus hijos y nietos.

Así es como nos criaron a nosotros…eso es lo que aprendimos de su ejemplo.

Aprendimos sobre la dignidad y la decencia; que trabajar arduamente importa más que lo que usted gane…que ayudar a los demás significa más que adelantar usted mismo.

Aprendimos acerca de la honestidad y la integridad, que la verdad importa…que usted no toma atajos ni juega por sus propias reglas…y que el éxito no importa a menos que usted se lo gane de manera justa y equitativa.

Aprendimos acerca de la gratitud y la humildad, que mucha gente había tenido que ver con nuestro éxito, desde los maestros que nos inspiraron hasta los conserjes que mantenían nuestra escuela limpia…y se nos enseño a valorar la contribución de cada uno y a tratar a cada uno con respeto.

Esos son los valores que Barack y yo, y muchos de ustedes, estamos tratando de pasar a nuestros propios hijos.

Eso es lo que somos.

Y al pararme delante de ustedes hace cuatro años, sabía que yo no deseaba que nada de eso cambiara si Barack se convertía en Presidente.

Pues bien, hoy, tras tantas luchas y triunfos y momentos que han puesto a prueba a mi esposo y a mí en maneras que nunca pude haber imaginado, he visto de primera mano que ser Presidente no cambia en nada quién es usted: revela quién es usted.

Ya ven, he logrado ver de cerca y personalmente lo que en realidad es ser Presidente.

Y he visto cómo los asuntos que llegan al escritorio del Presidente son siempre los más difíciles: los problemas en los que ninguna cantidad de datos ni de números le darán la respuesta correcta…los juicios donde las apuestas son altas, y no hay margen para el error.

Y como Presidente, usted puede recibir todo tipo de consejos de toda clase de personas.

Pero a final de cuentas, cuando llega el momento de tomar esa decisión, como Presidente, todo lo que usted tiene para que le guíe es sus valores, y su visión, y las experiencias vividas que lo hacen y lo definen a usted.

Así que cuando se trata de reconstruir nuestra economía, Barack está pensando en personas como mi padre y su propia abuela.

Él está pensando en el orgullo que viene de un arduo día de trabajo.

He ahí por qué él firmó la Ley de Pago Justo Lilly Ledbetter para ayudar a las mujeres a obtener pago igual por igual trabajo.

He ahí por qué él recortó los impuestos para las familias trabajadoras y los pequeños negocios y luchó para que la industria automovilística volviera a levantarse.

He ahí cómo él rescató a nuestra economía del borde del colapso, a la creación de empleos; empleos que sirven para mantener una familia, buenos empleos justamente aquí en los Estados Unidos de América.

Cuando se trata de la salud de nuestras familias, Barack se rehusó a escuchar a todos aquellos individuos que le decían que dejara la reforma de salud para otro día, para otro presidente.

A él no le importó si era fácil o no llevarlo a la realidad políticamente: no fue así como lo criaron; a él le importó que era lo correcto y había que hacerlo.

Él lo hizo porque cree que aquí en los Estados Unidos, nuestros abuelos deberían poder pagar por sus medicinas…nuestros niños deberían poder ver a un médico cuando están enfermos…y nadie en este país debe nunca irse a la ruina por tener un accidente o una enfermedad.

Y él cree que las mujeres somos más que capaces de tomar nuestras propias decisiones sobre nuestros cuerpos y sobre nuestro cuidado de la salud…de eso es de lo que mi esposo es partidario.

Cuando se trata de darles a nuestros niños la educación que ellos merecen, Barack sabe que como yo y como muchos de ustedes, él nunca podría haber asistido a la universidad sin ayuda económica.

Y créanlo o no, cuando nos casamos, nuestras facturas de préstamos estudiantiles combinadas eran en realidad mayores que nuestra hipoteca.

Éramos tan jóvenes, estábamos tan enamorados, y tan endeudados.

Es por eso que Barack ha luchado tan arduamente para incrementar la ayuda estudiantil y mantener las tasas de intereses bajas, porque quiere que cada joven cumpla su promesa y sea capaz de asistir a la universidad sin una montaña de deudas.

De modo que al final, para Barack, estos asuntos no son políticos: son personales.

Porque Barack entiende el trabajo que puede pasar una familia.

Él sabe lo que significa desear algo más para sus hijos y sus nietos.

Barack conoce el Sueño Americano porque lo ha vivido…y él desea que cada persona en este país tenga la misma oportunidad, sin importar quiénes somos, o de dónde venimos, o cuál es nuestra apariencia, o a quién amamos.

Y él cree que cuando uno ha trabajado arduamente, y lo ha hecho bien, y ha traspasado el portal de la oportunidad…la misma no se cierra de golpe después que usted pasó…usted regresa, y le da a otros las mismas oportunidades que le ayudaron a usted a tener éxito.

Así que cuando las personas me preguntan si estar en la Casa Blanca ha cambiado a mi esposo, puedo decir honestamente que cuando se trata de su carácter y de sus convicciones, y de su corazón, Barack Obama es todavía el mismo hombre del que me enamoré hace todos esos años.

Es el mismo hombre que comenzó su carrera rechazando empleos que pagaban mucho y en su lugar trabajando en vecindarios que luchaban por sobrevivir donde una planta de acero había cerrado, luchando para reconstruir esas comunidades y hacer que esos individuos regresaran al trabajo…porque para Barack, el éxito no tiene que ver con cuánto dinero usted gana, sino con la diferencia que usted marca en las vidas de las personas.

Él es el mismo hombre que, cuando nuestras niñas nacieron, ansiosamente revisaba sus cunas cada minuto para asegurarse que todavía respiraban, mostrándoselas orgullosamente a todo el que conocía.

Ése es el mismo hombre que se sienta conmigo y con nuestras niñas a cenar cada noche, respondiendo pacientemente sus preguntas sobre asuntos que aparecen en las noticias, y planeando estrategias acerca de las amistades en la escuela media.

Ése es el hombre que veo en esos momentos de quietud, bien entrada la noche, encorvado sobre su escritorio, estudiando detenidamente las cartas que le han enviado.

La carta del padre que lucha por pagar sus cuentas…de la mujer que se muere de cáncer porque su compañía de seguros no cubrirá su atención y cuidado…de la persona joven con muchas promesas y tan pocas oportunidades.

Veo la preocupación en sus ojos…y escucho su determinación en la voz al decirme: “No creerás lo que estas personas están pasando, Michelle…esto no está bien.  Tenemos que seguir trabajando para arreglar esto.  Tenemos tanto más que hacer”.

Veo cómo esas historias (nuestra colección de luchas y esperanzas y sueños), veo cómo eso es lo que le da ímpetu a Barack Obama todos los días.

Y no creí que fuera posible, pero hoy, amo a mi esposo aún más que lo que lo amaba hace cuatro años…aún más que hace 23 años, cuando nos conocimos por vez primera.

Amo el hecho de que nunca haya olvidado cómo comenzó.

Amo que podamos confiar en Barack para que haga lo que dice que va a hacer, aún cuando sea difícil; especialmente cuando es difícil.

Amo que para Barack, no hay cosa tal como “nosotros” y “ellos”; a él no le importa si usted es demócrata, republicano, o ninguno de los dos…él sabe que todos amamos nuestro país…y siempre está listo para escuchar buenas ideas…siempre está buscando lo mejor en cada a quién que conoce.

Y amo que aún en los momentos más difíciles, cuando todos estamos trabajando fuerte, cuando estamos preocupados porque esa ley no va a pasar, y tal parece que todo está perdido, Barack nunca se deja distraer por las conversaciones y el ruido.

Simplemente como su abuela, él siempre se mantiene levantándose y moviéndose hacia adelante…con paciencia y sabiduría, con coraje y gracia.

Y él me recuerda que estamos jugando un largo partido…y que el cambio es difícil, y que el cambio es lento, y que nunca sucede todo a la vez.

Pero al final, llegamos allí, siempre lo hacemos.

Llegamos allí gracias a individuos como mi padre…individuos como la abuela de Barack…hombres y mujeres que se dijeron a sí mismos: “Puede que yo no tenga la oportunidad de alcanzar mis sueños, pero a lo mejor mis hijos sí…tal vez mis nietos sí”.

Hay tantos de nosotros que estamos aquí esta noche gracias a su sacrificio, y a su prolongado y firme amor…porque una y otra vez, se tragaron sus miedos y sus dudas, e hicieron lo que era difícil de hacer.

Así que hoy, cuando los retos que enfrentamos parecen abrumadores, o incluso imposibles, no olvidemos nunca que hacer lo imposible es la historia de esta nación…es quiénes somos como americanos…es cómo se construyó este país.

Y si nuestros padres y abuelos pudieron esforzarse y luchar por nosotros…si ellos pudieron alzar vigas de acero hasta llegar al cielo, enviar un hombre a la luna, y conectar a todo el mundo con el toque de un solo botón…entonces seguramente podemos seguir sacrificándonos y construyendo un futuro para nuestros hijos y nietos.

Y si muchos hombres y mujeres valientes pudieron vestir el uniforme de nuestro país y sacrificar sus vidas por nuestros derechos más fundamentales…entonces seguramente podemos hacer nuestra parte como ciudadanos de esta gran democracia para ejercitar esos derechos…seguramente, podemos ir a las urnas y hacer que se escuchen nuestras voces el Día de las Elecciones.

Si los granjeros y los herreros pudieron ganarle la independencia a un imperio…si los inmigrantes pudieron dejar detrás todo lo que conocían para tener una mejor vida en nuestras costas… si las mujeres pudieron dejarse arrastrar a la cárcel en busca del voto…si una generación pudo derrotar una depresión y definir la grandeza para todos los tiempos…si un joven predicador pudo levantarnos a la cima de la montaña con su sueño justo…y si los orgullosos estadounidenses pueden ser quienes son y valientemente defender en el altar a quien aman…entonces seguramente, seguramente podemos darles a todos y cada uno en este país una oportunidad justa en ese gran Sueño Americano.

Porque al final, más que cualquier otra cosa, esa es la historia de este país: la historia de la esperanza inquebrantable enraizada en una lucha que no cede.

Eso es lo que hizo posible mi historia, y la historia de Barack, y la historia de tantos otros estadounidenses.

Y digo todo esto en esta noche no solamente como Primera Dama…y no solamente como esposa.

Y es que, a final de cuentas, todavía mi título más importante es el de “madre en jefe”.

Mis hijas son todavía el corazón de mi corazón y el centro de mi mundo.

Pero hoy, no tengo ninguna de esas preocupaciones de hace cuatro años, acerca de si Barack y yo íbamos a hacer lo mejor para nuestras hijas.

Porque hoy, ya sé por experiencia que si realmente deseo dejar un mundo mejor para mis hijas, y todos nuestros hijos e hijas…si deseo darle a todos nuestros hijos una base para sus sueños y oportunidades que sean dignas del valor de su promesa…si deseo darles eses sentido de posibilidades sin límites, esa convicción de que aquí en los Estados Unidos existe siempre algo mejor allá afuera, si usted está dispuesto a trabajar por ello…entonces debemos trabajar como nunca antes…y debemos una vez más unirnos y mantenernos unidos por el hombre en quien podemos confiar para que mantenga a este gran país marchando hacia adelante…mi esposo, nuestro Presidente, el Presidente Barack Obama.

Muchas gracias, Dios les bendiga, y Dios bendiga a los Estados Unidos.

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