2:14 pm - Wednesday September 20, 2017

Discurso de Joe Biden

El discurso del del vicepresidente Joe Biden ante la Convención Nacional Demócrata 2012

Colegas demócratas, y mi demócrata favorita.

Jilly, quiero que sepas que Beau, Hunt, Ashley y yo estamos muy orgullosos de ti. Admiramos la forma en que tratas a todos los estudiantes que entran a tu aula. No sólo los enseñas. Les das confianza. Y la pasión que pones en aliviar la carga de las familias de nuestros guerreros. Ellos saben que tú comprendes por lo que están pasando. Eso marca una diferencia. Y estoy agradecido. Tan agradecido que dijiste ‘Sí’ a la quinta vez.
Y a Beau, gracias por colocar mi nombre en la nominación para ser Vicepresidente de Estados Unidos. Acepto.

Compatriotas estadounidenses, hace cuatro años, una nación abrumada se alejó de las políticas fallidas del pasado —y escogió un nuevo líder— que sabían que podía sacar a nuestra nación de la crisis. Nuestro viaje no ha terminado. Todavía tenemos más por hacer. Pero hoy les digo, compatriotas, ante la crisis económica más profunda de nuestra vida, esta nación se ha probado a sí misma. Somos igual de valiosos que cualquier generación anterior. La misma tenacidad, la misma determinación, el mismo valor que siempre ha definido lo que significa ser estadounidense, están en ustedes.

Estamos en una misión para impulsar el país hacia adelante, de la duda y la desaceleración a la promesa y la prosperidad. Una misión que continuaremos y una misión que completaremos.

Amigos, esta noche quiero decirles sobre Barack Obama. El Barack Obama que he llegado a conocer. Quiero mostrarles el carácter de un líder, que tuvo lo que hacía falta tener cuando el pueblo estadounidense estuvo al borde de una nueva depresión. Un líder que tiene lo que hay que tener para liderarnos durante los próximos cuatro años a un futuro tan grandioso como nuestro pueblo.

Quiero llevarlos a la Casa Blanca para que vean al Presidente, como yo lo veo todos los días. Porque no lo veo sólo en las noticias. Camino por el corredor, 30 pasos hasta la Oficina Oval, y lo veo en acción.

Hace cuatro años, el ingreso de las familias de clase media ya estaba bajando. Y luego se desplomó. La crisis financiera golpeó. Ustedes recuerdan los titulares de prensa: “Los mercados se desploman en todo el mundo “, “La mayor pérdida de empleo en 60 años” y “La economía al borde del abismo”.

Desde el momento en que el presidente Obama se sentó detrás del escritorio Resolute en la Oficina Oval, sabía que tenía que restaurar la confianza, no sólo de la nación, sino de todo el mundo. Sabía que un paso en falso podía crear un caos bancario, o un colapso del crédito, que podían dejar sin empleo a millones de personas. Estados Unidos y el mundo necesitaban un presidente fuerte con una mano que no temblara, con el juicio y la visión para sacarnos de los problemas.

Día tras día, noche tras noche, me senté junto a él mientras tomaba una decisión valiente tras otra, para detener el desplome y darle marcha atrás. Lo vi soportar presiones intensas y estudiar opciones de enormes consecuencias. Pero más que todo, vi lo que lo impulsaba: su profunda preocupación por el pueblo estadounidense.

Él sabía que sin importar las duras decisiones que tenía que tomar en la Oficina Oval, había familias en todo Estados Unidos que habían tenido que tomar decisiones igualmente duras, sentadas alrededor de la mesa del comedor. Barack y yo hemos pasado por mucha cosas juntos. Y hemos aprendido mucho el uno del otro. Yo conocí la enormidad de su corazón. Y él conoció la profundidad de mi lealtad. Y hubo otra cosa que nos unió. Los dos teníamos una buena idea de lo que estaban pasando estas familias, en parte porque nuestras familias habían pasado por batallas similares.

Barack tuvo que sentarse en la cama de hospital de su madre y verla batallar contra el cáncer y luchar a la vez contra su compañía de seguros. Yo era un niño, pero puedo recordar el día que mi padre se sentó en mi cama y me dijo que las cosas iban a estar difíciles durante un tiempo. Tengo que irme a Delaware para conseguir un nuevo empleo. Pero será mejor para nosotros. Por el resto de mi vida, mi papá nunca dejó de recordarme que un trabajo es mucho más que recibir un salario. Es cuestión de dignidad. Es cuestión de respeto. Es poder mirar a los hijos a los ojos y decirles, cariño, todo va a estar bien, y creer que todo va a estar bien. Cuando Barack y yo éramos jóvenes, existía un entendimiento explícito que si uno era responsable, tenías la oportunidad de a vivir una mejor vida. Los valores de ese acuerdo fueron los valores que nos formaron a los dos. Y hoy son la estrella que guía a Barack.

Amigos, lo he visto con mis propios ojos. Él no titubea. Toma las riendas. Siempre pregunta lo mismo: ¿cómo va a impactar esto a las familias de clase media? ¿Las ayudará? Y debido a las decisiones que ha tomado, y a la fortaleza que el pueblo estadounidense ha demostrado día a día, Estados Unidos ha comenzado a recuperarse. Después de la peor pérdida de empleo desde la Gran Depresión, hemos creado 4.5 millones de empleos en el sector privado en los últimos 29 meses.

El presidente Obama y el gobernador Romney son los dos esposos y padres devotos. Pero aportan valores y visiones muy diferentes al cargo. Esta noche me gustaría centrarme en dos crisis, que muestran el carácter de liderazgo que cada uno aporta al cargo. El primero es el rescate de la industria automotriz.
Permítanme contarles cómo Barack salvó más de 1 millón de empleos en Estados Unidos. Durante nuestro primer día en el cargo, General Motors y Chrysler estaban al borde de la liquidación. Si el presidente no actuaba de inmediato, no quedaría un sector que salvar.

Escuchamos a los senadores, legisladores, asesores independientes, incluso algunos de nuestros propios asesores dijeron que no debíamos involucrarnos porque los riesgos eran demasiado elevados, el resultado demasiado incierto. El Presidente escuchó pacientemente. Pero él no pensaba como ellos. Obama comprendió algo que ellos no comprendían. El comprendió que el asunto no se trataba solamente de automóviles. Se trataba de los estadounidenses que fabricaban esos vehículos y del Estados Unidos que creaban.

En esas reuniones pensaba con frecuencia en mi papá, que trabajaba en el sector de los automóviles. Él hubiese sido una de esas personas, no en la fábrica, no en la cadena de suministro, sino uno de los que vendían autos estadounidenses al pueblo estadounidense. Pensé en lo que esta crisis hubiera significado para los mecánicos, las secretarias, el personal de ventas que él manejaba. Y estoy completamente seguro de que si mi papá estuviera hoy aquí, estuviera peleando a favor de este Presidente, quien combatió por salvar todos esos empleos, su empleo, y los empleos de la gente a quien quería. Él hubiera respetado a Barack Obama por tener las agallas de enfrentarse al sector automotriz cuando otros se lavaron las manos.

En retrospectiva, cuando ahora analizo la decisión del Presidente, también pienso en otro hijo de un hombre del sector automotriz, Mitt Romney. Mitt Romney creció en Detroit. Su padre dirigía American Motors. Pero él estaba dispuesto a dejar que Detroit se fuera a la bancarrota. Él no es una mala persona. Estoy seguro de que creció enamorado de los carros, como yo. Pero sencillamente no creo que comprendía, no creo que haya comprendido lo que salvar al sector automotriz significaba para todo Estados Unidos. Creo que lo vio al estilo Bain. Estado de resultados, pérdidas.
Amigos, es posible que el estilo Bain signifique una mayor ganancia para una compañía. Pero no es la forma de liderar el país desde la presidencia.

Cuando la situación se hizo grave, el Presidente comprendió que se trataba de mucho más que la industria automotriz. Se trataba de restaurar el orgullo de los estadounidenses. Él sabía lo que hubiese significado dejar a 1 millón de personas sin esperanza o empleo si no tomábamos medidas. Él sabía el mensaje que habría enviado al resto del mundo si Estados Unidos de América abandonaba la industria que ayudó colocar al país en el mapa. Convicción. Decisión.

Barack Obama. Este Presidente ha mostrado esa misma decisión, esa misma mano firme, en su papel como presidente. Lo que me lleva a la segunda crisis.

En el 2008 Barack Obama le hizo una promesa al pueblo estadounidense. Dijo: “Si tenemos a Osama bin Laden en la mira, lo eliminamos. Esa tiene que ser nuestra mayor prioridad de seguridad nacional”. Barack comprendió que la búsqueda de bin Laden era mucho más que eliminar a un líder monstruoso del campo de batalla. Se trataba de hacer justicia al corregir un inmenso mal, sanar una herida casi insoportable en el corazón de Estados Unidos. También conocía el mensaje que teníamos que enviar a los terroristas en todo el mundo: si atacan a Estados Unidos los seguiremos hasta el fin del mundo. Sobre todo, el Presidente tenía fe en nuestras fuerzas especiales, los mejores guerreros que el mundo haya conocido.

Nos sentamos durante varios días en la Sala de Control. Él escuchaba los riesgos y las reservas sobre la incursión e hizo las preguntas difíciles. Pero cuando el almirante McRaven lo miró a los ojos y dijo: “Señor, podemos hacerlo”, supe en ese momento que Barack había tomado su decisión. Su respuesta fue decisiva. Dijo: háganlo. Y se hizo justicia.

Pero el gobernador Romney no vio las cosas de esa manera. Cuando le preguntaron sobre bin Laden en 2007, dijo, y lo cito textualmente: “No vale la pena mover cielo, mar y tierra, y gastar miles de millones de dólares, sólo en el intento de capturar a una persona”.

Estaba equivocado. Si ustedes entendieran que el corazón de Estados Unidos tenía que sanar, entonces habrían hecho exactamente lo que hizo el Presidente. Y también habrían movido cielo, mar y tierra para atrapar a bin Laden y llevarlo ante la justicia.

Hace cuatro años, cuando mi madre todavía estaba con nosotros, sentados en el estadio en Denver, mencioné una de sus expresiones favoritas. Ella solía decir: “Joey, el valor reside en todo corazón, y llega el momento en que hay que convocarlo.”

Damas y caballeros, estoy aquí para decirles que el valor reside en el corazón de Barack Obama. Y una y otra vez, lo he visto convocarlo. Este hombre tiene coraje en su alma, compasión en su corazón, y agallas. Y debido a todos los pasos que dio, a todas las decisiones que tomó, y al valor y la determinación de los trabajadores estadounidenses, y a la valentía sin paralelo de nuestras fuerzas especiales, ahora podemos decir con orgullo que Osama Bin Laden está muerto, y General Motors está viva.

Amigos, sabemos que tenemos más trabajo que hacer. Sabemos que aún no hemos llegado. Pero no ha pasado un día, en los últimos cuatro años, en que no haya estado agradecido de que Barack Obama sea nuestro Presidente. Porque siempre ha tenido el coraje de tomar las decisiones difíciles.

Hablando de decisiones difíciles, la semana pasada en su convención, nuestros oponentes afirmaron que ellos también tenían el coraje de tomar decisiones difíciles. Pero en caso de que no se hayan dado cuenta, no tuvieron el coraje de decirles qué decisiones tomarían. Hablaron de lo mucho que les preocupaba el Medicare. De los deseos que tienen de preservarlo. Eso es lo que les dijeron.

Pero lo que no les dijeron, es que su plan cortaría inmediatamente beneficios a más de 30 millones de personas de la edad avanzada que ya están en el Medicare. Lo que no les dijeron es que lo que están proponiendo causaría la quiebra del Medicare para el año 2016. Y lo que en realidad no les dijeron es que no están a favor de preservar el Medicare. Están a favor de un plan totalmente nuevo. Quieren una libreta de cupones. Eso no es coraje. Eso ni siquiera es veraz.

En Tampa, hablaron con gran urgencia sobre la deuda nacional. De la necesidad de actuar, de actuar ahora. Pero ni una sola vez les dijeron que han rechazado todo plan que hemos presentado, que ha presentado la Comisión Simpson-Bowles bipartidista, u otros grupos externos respetados, para reducir nuestra deuda nacional, si contiene siquiera un dólar —un centavo— en nuevos impuestos para los millonarios. Eso no es coraje. Y no es justo.

Digámoslo claramente: los dos hombres que quieren dirigir este país en los próximos cuatro años tienen fundamentalmente distintas visiones, y una serie de valores completamente distintos.

El gobernador Romney cree que en la economía global, no importa mucho donde las compañías estadounidenses ponen su dinero o donde crean empleos. En realidad, tiene una nueva propuesta fiscal —el impuesto territorial— que los expertos dicen que creará 800,000 empleos, todos en el exterior.

La semana pasada me pareció fascinante cuando el gobernador Romney dijo que, como presidente, haría una gira por centros de trabajo. Pues bien, con todo su apoyo a la tercerización, tendrá que ser un viaje al extranjero. Miren, el presidente Obama sabe que crear empleos en Estados Unidos —mantener empleos en Estados Unidos— y traer empleos de vuelta a los Estados Unidos— es lo que debe hacer todo presidente. Ese es el trabajo del Presidente.

El gobernador Romney cree que está bien elevar los impuestos a la clase media en $2,000 con el fin de pagar más de un billón de dólares en reducciones tributarias para los muy ricos. El Presidente Obama sabe que no hay nada decente ni justo en pedir más a los que tienen menos, y menos a los que tienen más.

El gobernador Romney cree que los jóvenes –jóvenes a los que llamamos DREAMers– esos jóvenes inmigrantes que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran muy pequeños, sin culpa alguna, son una carga para Estados Unidos.

El Presidente Obama cree que aunque esos DREAMers —esos jóvenes— no eligieron venir a Estados Unidos, han decidido hacer lo correcto para Estados Unidos y nosotros debemos hacer lo correcto con ellos. El gobernador Romney observa la noción del mismo pago por el mismo trabajo a través del prisma de la cuenta de resultados de una compañía.

El Presidente Obama sabe que garantizar que a nuestras hijas les paguen lo mismo que a nuestros hijos por el mismo trabajo debe ser la cuenta de resultados de todo padre. Pero debo decirles que una cosa que me dejó perplejo en su convención fue esta idea de una cultura de dependencia. Parecen pensar que uno crea una cultura de dependencia cuando uno le da a un hijo brillante y calificado de una familia trabajadora un préstamo para ir a la universidad, o cuando se le da capacitación laboral en una nueva industria a un padre que perdió su empleo, porque el empleo se trasladó al extranjero.

Amigos, nosotros no lo vemos así. Los estadounidenses nunca lo han visto así. Estos hombres y mujeres no están buscando una limosna. Están buscando una oportunidad de adquirir las herramientas y los conocimientos para sustentar a sus familias, para poder mantener la cabeza en alto y llevar una vida independiente con dignidad. Les dije que la decisión es difícil. Dos visiones distintas. Dos series de valores distintos. Y en esencia, la diferencia es que tenemos una fe increíble en la decencia, y en el trabajo duro del pueblo estadounidense. Y sabemos lo que ha hecho grande a este país: su gente.

Como mencioné al principio, amigos, hace cuatro años, los estadounidenses recibimos un duro golpe. Vieron agotarse sus cuentas de la jubilación, desaparecer la plusvalía en sus casas, y sus trabajos desaparecer o en peligro. Pero ustedes hicieron lo que los estadounidenses siempre han hecho. No perdieron su fe. Lucharon. No se rindieron. Se pusieron de pie. Ustedes son los que están logrando la recuperación de Estados Unidos. Ustedes son la razón por la que todavía estamos en una mejor posición que cualquier país en todo el mundo para dirigir el siglo XXI.

Nunca abandonaron a Estados Unidos. Y se merecen un presidente que nunca los abandonará. Y una cosa más en la que nuestros oponentes están totalmente equivocados: Estados Unidos no está en decadencia.

Tengo noticias para el gobernador Romney y el congresista Ryan, nunca, pero nunca ha sido una buena politica apostar en contra el pueblo estadounidense.

Mis compatriotas, Estados Unidos se recupera y no vamos a dar marcha atrás. Y no tenemos intención de reducir el Sueño Americano.

En un momento van a escuchar las palabras de un hombre cuya vida entera es un testimonio del poder de ese sueño. Y cuya presidencia es la mejor esperanza de asegurar ese sueño para nuestros hijos.

Vemos un futuro donde todos, ricos o pobres, hacen su parte y tienen una parte.

Un futuro donde dependemos más de la energía renovable de nuestro país y menos del petróleo extranjero.

Un futuro donde de nuevo somos el número uno en el mundo en número de graduandos universitarios.

Un futuro donde promovemos el sector privado, no el sector privilegiado.

Y un futuro donde las mujeres controlan sus decisiones, su salud y su destino.

Un futuro donde nadie —nadie— se ve obligado a vivir en las sombras de la intolerancia.

Vemos un futuro donde Estados Unidos guía no sólo por el ejemplo de nuestro poder, sino por el poder de nuestro ejemplo. Donde traemos a nuestras tropas de Afganistán, como las trajimos de Iraq.

Y un futuro donde cumplimos con la única obligación sagrada que tenemos como nación: equipar a los que enviamos a la guerra y cuidarlos cuando regresan de la guerra.

Donde reconocemos la deuda increíble que tenemos con las familias de los 6,473 ángeles caídos y los 49,746 heridos. Miles de heridos graves.
Nunca debemos olvidar su sacrificio y siempre los tendremos en nuestro cuidado y en nuestras oraciones.

Mis compatriotas, ahora nos encontramos en la encrucijada de la historia. Y el rumbo que tomemos está en sus manos. Ha sido un honor servirlos, y servir con un presidente que siempre los ha defendido.

Como he dicho, lo he visto pasar pruebas. Conozco su fortaleza, su autoridad, su fe.

También conozco la increíble confianza que tiene en todos ustedes. Conozco a este hombre. Sí, la tarea de la recuperación aún no está terminada, pero estamos en el camino.

El viaje de la esperanza aún no ha concluido, pero estamos en el camino. La causa del cambio no está totalmente alcanzada, pero estamos en el camino. Así que esta noche les digo, con absoluta confianza, los mejores días de Estados Unidos nos aguardan y, sí, estamos en el camino.
A la luz de ese horizonte, por los valores que nos definen, por las ideas que nos inspiran, sólo hay una opción.

La opción es seguir adelante, con audacia hacia delante. Terminemos el trabajo que empezamos y reelijamos al Presidente Barack Obama.
Que Dios los bendiga y que Dios proteja a nuestros soldados.

 

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FWD: Vice President Joe Biden’s Full Remarks to the Democratic National Convention

Below are the full remarks of Vice President Joe Biden at the Democratic National Convention, as prepared for delivery:
My fellow Democrats, and my favorite Democrat.

Jilly, I want you to know that Beau, Hunt, Ashley, and I are so proud of you. We admire the way you treat every single student who walks into your classroom. You not only teach them.  You give them confidence. And the passion you bring to easing the burden on the families of our warriors.   They know you understand what they’re going through.   It makes a difference.  And I’m grateful.  So grateful that you said Yes on that fifth try.

And Beau, thank you for placing my name in nomination to be Vice President of the United States.  I accept.

My fellow Americans, four years ago, a battered nation turned away from the failed policies of the past—and turned to a leader—who they knew, could lift our nation out of crisis.  Our journey isn’t finished.  We still have more to do.  But today, I say to you, my fellow citizens:  In the face of the deepest economic crisis in our lifetimes– this nation proved itself.  We’re as worthy as any generation that has gone before us.  The same grit, the same determination, the same courage, that has always defined what it’s meant to be an American—is in you.

We’re on a mission to move this nation forward—from doubt and downturn, to promise and prosperity.  A mission we will continue and a mission we will complete.

Folks, tonight, I want to tell you about Barack Obama.  The Barack Obama I’ve come to know. I want to show you the character of a leader—who had what it took, when the American people stood at the brink of a new Depression.   A leader who has what it takes to lead us over the next four years–to a future as great as our people.

I want to take you inside the White House to see the President, as I see him every day. Because I don’t see him in sound bites.  I walk down the hall, 30 steps to the Oval Office, and I see him in action.

Four years ago, middle class incomes were already falling. Then the bottom fell out. The financial crisis hit. You remember the headlines: “Markets Plummet Worldwide”, “Highest Job Losses in 60 Years”, and “Economy on the Brink”

From the moment President Obama sat behind the Resolute desk in the Oval Office, he knew he had to restore the confidence not only of the nation– but the whole world.  He knew, that one false move could bring a run on the banks, or a credit collapse, that could throw millions out of work.  America and the world needed a strong president with a steady hand, with the judgment and vision to see us through.

Day after day, night after night, I sat beside him, as he made one gutsy decision after another–to stop the slide and reverse it.  I watched him stand up to intense pressure  and stare down choices of enormous consequence. Most of all, I saw what drove him: His profound concern for the American people.

He knew, that no matter how tough the decisions he had to make in the Oval Office were, families all over America had to make decisions every bit as tough for them—as they sat around their kitchen tables.  Barack and I have been through a lot together.  And we’ve learned a lot about each other. I learned of the enormity of his heart.  And he learned of the depth of my loyalty. And there was another thing that bound us.  We both had a pretty good idea what these families were going through–in part because our own families had gone through similar struggles.

Barack had to sit at the end of his mom’s hospital bed and watch her fight cancer and fight her insurance companies at the same time.  I was a kid, but I can remember the day that my dad sat at the end of my bed, and said, things are going to be tough for a while.   I have to go to Delaware to get a new job.   But it’s going to be better for us.  The rest of my life, my dad never failed to remind me–that a job is about a lot more than a paycheck.  It’s about dignity.  It’s about respect.  It’s about being able to look your children in the eye—and say honey, it’s going to be okay, and believe it was going to be okay.  When Barack and I were growing up, there was an implicit understanding.  If you took responsibility, you’d get a fair shot at a better deal.  The values behind that deal–were the values that shaped us both. And today, they are Barack’s guiding star.

Folks, I’ve watched him. He never wavers.  He steps up. He asks the same thing over and over again: How is this going to work for ordinary families? Will it help them? And because of the decisions he’s made, and the strength the American people have demonstrated every day, America has turned the corner.  After the worst job loss since the Great Depression, we’ve created 4.5 million private sector jobs in the past 29 months.

President Obama and Governor Romney are both loving husbands and devoted fathers. But they bring vastly different values and visions to the job.  Tonight I’d like to focus on two crises–that show the character of the leadership each man will bring to the job.  The first is the rescue of the automobile industry.

Let me tell you about how Barack saved more than 1 million American jobs. In our first days in office, General Motors and Chrysler were on the verge of liquidation. If the President didn’t act immediately, there wouldn’t be an industry left to save.

We listened to Senators, Congressmen, outside advisors, even some of our own advisors say–we shouldn’t step in, the risks were too high, the outcome  too uncertain.  The President patiently listened.   But he didn’t see it their way. He understood something they didn’t. He understood that this wasn’t just about cars.   It was about the Americans who built those cars and the America they built.

In those meetings, I often thought about my dad.  My dad was an automobile man. He would have been one of those guys—all the way down the line—not in the factory—not along the supply chain—but one of those guys selling American cars to the American people.  I thought about what this crisis would have meant for the mechanics, the secretaries, the sales people who he managed.  And I know for certain, that if my dad were here today, he would be fighting for this President, who fought to save all those jobs, his job, and the jobs of all the people he cared about.  He would respect Barack Obama for having the guts to stand up for the automobile industry, when others walked away.

When I look back now on the President’s decision, I also think of another son of an automobile man–Mitt Romney. Mitt Romney grew up in Detroit.  His father ran American Motors.  Yet he was willing to let Detroit go bankrupt.  It’s not that he’s a bad guy. I’m sure he grew up loving cars as much as I did.  I just don’t think he understood—I just don’t think he understood what saving the automobile industry meant-to all of America.  I think he saw it the Bain way. Balance sheets. Write-offs.

Folks, the Bain way may bring your firm the highest profit. But it’s not the way to lead your country from its highest office.

When things hung in the balance, the President understood it was about a lot more than the automobile industry.  It was about restoring America’s pride.   He knew what it would mean to leave 1 million people without hope or work if we didn’t act. He knew the message it would have sent to the rest of the world if the United States of America gave up on the industry that helped put America on the map. Conviction.  Resolve.

Barack Obama.  This President has shown that same resolve, that same steady hand, in his role as Commander in Chief. Which brings me to the second crisis.

In 2008, Barack Obama made a promise to the American people. He said,  “If we have Osama bin Laden in our sights, we will take him out. That has to be our biggest national security priority.”  Barack understood that the search for bin Laden was about a lot more than taking a monstrous leader off the battlefield.  It was about righting an unspeakable wrong, healing a nearly unbearable wound in America’s heart.  He also knew the message we had to send to terrorists around the world—if you attack innocent Americans, we will follow you to the ends of the earth. Most of all, the President had faith in our special forces–the finest warriors the world has ever known.

We sat for days in the Situation Room.  He listened to the risks and reservations about the raid. And he asked the tough questions. But when Admiral McRaven looked him in the eye and said– “Sir, we can get this done,” I knew at that moment Barack had made his decision.  His response was decisive. He said do it.  And justice was done.

But Governor Romney didn’t see things that way.  When he was asked about bin Laden in 2007, he said, and I quote, “it’s not worth moving heaven and earth, and spending billions of dollars, just trying to catch one person.”

He was wrong. If you understood that America’s heart had to be healed, you would have done exactly what the President did. And you too would have moved heaven and earth–to hunt down bin Laden, and bring him to justice.

Four years ago, when my mom was still with us, sitting in the stadium in Denver, I quoted one of her favorite expressions. She used to say, Joey, bravery resides in every heart, and the time will    come, when it must be summoned.

Ladies and Gentlemen, I’m here to tell you, bravery resides in the heart of Barack Obama.  And time and time again, I witnessed him summon it. This man has courage in his soul, compassion in his heart, and steel in his spine. And because of all the actions he took, because of the calls he made–and because of the grit and determination of American workers–and the unparalled bravery of our special forces—we can now proudly say—Osama Bin Laden is dead, and General Motors is alive.

Folks, we know we have more work to do. We know we’re not there yet. But not a day has gone by, in the last four years when I haven’t been grateful that Barack Obama is our President.  Because he has always had the courage to make the tough calls.

Speaking of tough calls, last week at their convention, our opponents pledged that they too had the courage to make tough calls.  But in case you didn’t notice, they didn’t have the courage to tell you what calls they would make.  They talked about how much they cared about Medicare. How much they wanted to preserve it. That’s what they told you.

But what they didn’t tell you, is that their plan would immediately cut benefits to more than 30 million seniors already on Medicare.  What they didn’t tell you is what they’re proposing would cause Medicare to go bankrupt by 2016.  And what they really didn’t tell you is, they’re not for preserving Medicare. They’re for a whole new plan. They’re for Vouchercare.  That’s not courage.  That’s not even truthful.

In Tampa, they talked with great urgency about the national debt. The need to act, to act now. But not once, not once, did they tell you they’ve rejected every plan put forward by us–by the bipartisan Simpson-Bowles Commission—by other respected outside groups—to reduce our national debt if it contained even one dollar—one cent—in new taxes for millionaires. That’s not courage.   And that’s not fair.

Let’s just say it straight: The two men seeking to lead this country over the next four years have fundamentally different visions, and a completely different value set.

Governor Romney believes that in the global economy, it doesn’t much matter where American companies put their money or where they create jobs. As a matter of fact, he has a new tax proposal — the territorial tax — that experts say will create 800,000 jobs, all of them overseas.

I found it fascinating last week–when Governor Romney said, that as President, he’d take a jobs tour.  Well with all his support for outsourcing, it’s going to have to be a foreign trip.  Look, President Obama knows that creating jobs in America–keeping jobs in America–and bringing jobs back to America–is what being President is all about.  That’s the President’s job.

Governor Romney believes that it’s okay to raise taxes on the middle class by $2,000 in order to pay for over a trillion dollars in tax cuts for the very wealthy.  President Obama knows that there is nothing decent or fair about asking more of those with less–and less–of those with more.

Governor Romney believes that kids-the kids we call DREAMers—those immigrant children who were brought to America at a very young age, through no fault of their own—he thinks they’re a drag on America.

President Obama believes that even though these DREAMERs—these kids—didn’t choose to come to America-they’ve chosen to do right by America and we should do right by them.  Governor Romney looks at the notion of equal pay for equal work in terms of a company’s bottom line.

President Obama knows–that making sure our daughters are paid the same as our sons for the same job must be every father’s bottom line.  But I must tell you–one thing that perplexed me the most at their convention was this idea of a culture of dependency.  They seem to think you create a culture of dependency when you provide a bright, qualified child from a working family a loan to get to college, or when you provide job training in a new industry, for a dad who lost his job, because it was outsourced.

Folks, that’s not how we look at it.  Americans have never looked at it that way.  These men and women aren’t looking for a handout.   They’re just looking for a chance to acquire the tools and the skills to provide for their families—so they can hold their heads high and lead independent lives with dignity.  I told you the choice is stark.  Two different visions.  Two different value sets.  And at its core, the difference is, we have incredible faith in the decency, and the hard work of the American people. And we know what has made this country great–its people.

As I mentioned at the outset folks–four years ago, Americans we were hit hard.  You saw your retirement accounts drained, the equity in your homes vanish, and your jobs lost or on the line.  But you did what Americans have always done.  You didn’t lose faith.  You fought back.  You didn’t give up.   You got up.  You’re the ones bringing America back. You’re the reason why we’re still better positioned– than any country in the world–to lead the 21st century.

You never quit on America. And you deserve a President who will never quit on you. And one more thing that our opponents are dead wrong about: America is NOT in decline.

I’ve got news for Governor Romney and Congressman Ryan, it has never, never, ever, been a good bet to bet against the American people.

My fellow Americans, America is coming back and we’re not going back!  And we have no intention of downsizing the American Dream.

In a moment you’re going to hear from a man, whose whole life is a testament to the power of that dream.  And whose Presidency is the best hope to secure that dream, for our children.

We see a future where everyone rich or poor does their part and has a part.

A future where we depend more on clean energy from home and less on oil from abroad.

A future where we’re #1 in the world again in college graduation.

A future where we promote the private sector, not the privileged sector.

And a future where women control their own choices, health, and destiny.

A future where no one—no one—is forced to live in the shadows of intolerance.

We see a future where America leads not only by the example of our power, but by the power of our example.  Where we bring our troops home from Afghanistan, just as we brought them home from Iraq.

And a future where we fulfill the only truly, sacred obligation we have as a nation–to equip those we send to war and care for them when they come home from war.

Where we acknowledge the incredible debt we owe to the families of the 6,473 fallen angels and the 49,746 wounded. Thousands, critically wounded.

We must never forget their sacrifice and always keep them in our care and our prayers.

My fellow Americans, we now find ourselves at the hinge of history.  And the direction we turn is in your hands.  It has been an honor to serve you, and to serve with a President who has always stood up for you.

As I’ve said, I’ve seen him tested.  I know his strength, his command, his faith.

I also know, the incredible confidence he has in all of you.  I know this man.  Yes, the work of recovery is not yet complete, but we are on our way.

The journey of hope is not yet finished, but we are on our way.  The cause of change is not fully accomplished, but we are on our way.  So I say to you tonight, with absolute confidence,
America’s best days are ahead of us, and, yes, we are on our way.

In the light of that horizon, for the values that define us, for the ideas that inspire us, there is only one choice.

The choice is to move forward, boldly forward. Finish the job we started and re-elect President Barack Obama.

God bless you and may God protect our troops.

 

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