5:50 am - Wednesday December 13, 2017

La revolución energética y sus descontentos

Con todas las tristes noticias económicas que están apareciendo últimamente, una luz brillante apareció en el radar la semana pasada: Estados Unidos está listo para ser el centro proverbial del universo de la energía.

Un reciente estudio del investigador asociado de Harvard Leonardo Maugeri encontró que las increíbles reservas de arenas bituminosas de Estados Unidos representan “la revolución más importante en el sector petrolero en décadas”.

Gracias a la revolución tecnológica provocada por el uso combinado de la perforación horizontal y la fracturación hidráulica, Estados Unidos ahora está explotando sus gigantescos y virtualmente intactos campos petrolíferos de arenas bituminosas y de formaciones compactas, cuya producción (aunque todavía se encuentra en sus inicios) ya se está disparando en Dakota del Norte y en Texas.

Pocos americanos son más conscientes de las posibilidades de esta revolución energética que aquellos que viven en las ciudades ubicadas encima de las mayores formaciones de arenas bituminosas de la nación. La Fundación Heritage viajó hasta Willison, Dakota del Norte, situada sobre la gigantesca formación bituminosa de Bakken, para oír de primera mano cómo allí el auge del petróleo ha mejorado las vidas de sus residentes.

Pero hay fuerzas tratando de socavar el auge del petróleo de Dakota del Norte. “El aspecto que más nos preocupa sería el gobierno federal y las regulaciones”, explicó el alcalde de Willison Ward Koeser, “particularmente la Agencia de Protección Ambiental (EPA)”.

Las inquietudes de Koeser no son ilógicas. La EPA tiene en su historial el establecer erróneamente como objetivo a las compañías que usan la fracturación hidráulica debido a una supuesta contaminación medioambiental. Cuando un alto cargo de la Agencia, el administrador de la Región VI de la EPA Al Armendáriz, comparó su filosofía del cumplimiento de la ley con las crucifixiones romanas, el historial de la agencia de acciones en el cumplimiento de la ley contra los perforadores de petróleo y gas (ambos usan la fracturación hidráulica para extraer los recursos de las arenas bituminosas) desmintió la posterior disculpa y retractación de Armendáriz.

Armendáriz precisamente consiguió un empleo en el Club Sierra, un grupo ambientalista radical que ha emprendido una enorme campaña contra la extracción de gas natural a partir de arenas bituminosas sólo unos años después de defender el gas natural como la alternativa más limpia frente al carbón y el petróleo.

La emergente hostilidad de la izquierda por la fracturación hidráulica tiene el potencial de desbaratar la sorprendente oportunidad económica que representan las arenas bituminosas. Así que no debería suponer ninguna sorpresa el que la consecuencia política de esa hostilidad sea darse la razón a ellos mismos en lugares como Pensilvania Occidental, que se encuentra sobre enormes reservas de gas recuperable de arenas bituminosas.

Stuart Rothenberg, del Roll Call, informó durante el fin de semana que Pensilvania, que durante los últimos 20 años se ha movido hacia la izquierda en términos de sus patrones de voto, de repente es más competitiva. “Pensilvania Occidental se parece cada vez más a Virginia Occidental o al sureste de Ohio”, observa Rothenberg.

Rothenberg, pensando debidamente en el análisis político, no supo atar los cabos sueltos: Pensilvania Occidental, el sureste de Ohio y Virginia Occidental son todos estados (o partes de estados) primordiales para la producción energética. Las formaciones de arenas bituminosas de Utica, Marcellus y Devonian, por ejemplo, representan oportunidades económicas primordiales en esos estados.

Desde la perspectiva federal, por tanto, una política de energía sensata al menos se abstendría de desmotivar de forma activa esas oportunidades, como ha sugerido el analista de la Fundación Heritage Nick Loris:

Una política de energía decidida que abra el acceso, proporcione un oportuno proceso de permisos así como una revisión medioambiental y judicial y deje en suspenso las nuevas regulaciones medioambientales de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) haría mucho bien para ayudar a reducir los precios de la energía, crear empleos y aportar ingresos al gobierno que está asfixiado financieramente y que ha acumulado [más de] $15 billones de deuda.

Pero los ecologistas de izquierda continúan luchando contra el auge del petróleo y del gas natural en el país. Ese auge tiene potencial no sólo para revitalizar ciertos sectores de la economía americana, sino para infundir vitalidad económica en algunas de las comunidades económicamente más angustiadas de la nación. No se sorprenda cuando estas comunidades hagan frente a la extralimitación regulatoria y a la histeria medioambiental.

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