10:59 pm - Saturday September 23, 2017

La mayoría abstinente

La minoría abstinente se ha convertido ahora en la mayoría.

Durante las dos últimas décadas, los adolescentes se han hecho más proclives a mantenerse sexualmente abstinentes. Según el Estudio Nacional del Comportamiento de Riesgo de los Jóvenes de 2011, el 53% de los estudiantes de secundaria se ha mantenido abstinente, un aumento del 15% y dos de cada tres son actualmente abstinentes.

Según un nuevo y definitivo informe en dos partes de la Asociación Nacional para la Educación de la Abstinencia (NAEA), “El  enfoque de la Evitación de Riesgos Sexuales (SRA), a veces denominado el enfoque centrado en la abstinencia, es efectivo, está respaldo por los padres y es un mensaje que cada vez más adolescentes están adoptando en sus propias vidas”.

La educación según la SRA es coherente con otros modelos de evitación de riesgos para la salud pública, tales como las campañas antitabaco, antialcohol, antidrogas y antiviolencia que han sido exitosas a la hora de cambiar tanto el comportamiento como la cultura.

En gran medida tergiversada, la educación según la SRA es algo más que simplemente decir “no”. Integral y centrada en la abstinencia, la estrategia de la SRA ofrece temas para el desarrollo de habilidades tales como el establecimiento de objetivos y la orientación de cara al futuro, la toma de decisiones saludables, los recursos para el desarrollo, la evitación de la presión de grupo negativa y el desarrollo humano.

Por el contrario, el modelo de reducción del riesgo sexual (SRR), a menudo conocido como el enfoque “integral”, “está construido sobre la premisa de que los adolescentes o no se pueden abstener o no se abstendrán del sexo; por tanto deben aprender a tomar ‘precauciones’ que disminuirán el riesgo de llegar al embarazo”.

Como observa el informe de la NAEA, este enfoque tiene una visión restringida, ignora cualquier prioridad significativa de la evitación de riesgos, se ha mostrado que contiene información médicamente imprecisa, normaliza el sexo adolescente, menoscaba el papel de los padres y carece de una efectividad probada en las aulas. Además, una revisión sistemática de los “efectivos” programas de la SRR revela un gran número de debilidades en la investigación y crea dudas sobre las afirmaciones de amplia efectividad hechas en su nombre.

Las encuestas también muestran que tanto los adolescentes como los padres respaldan firmemente el mensaje de la abstinencia. El informe de la NAEA cita un estudio nacional de 2010 que indica que “el 70% de los padres investigados se opone al sexo prematrimonial tanto en general como para sus hijos adolescentes”.

Es más, la mayoría de los propios adolescentes son partidarios del mensaje de la abstinencia. Concretamente:

· El 62% de los adolescentes dice que va contra sus valores el tener sexo antes del matrimonio.

· El 75% de los adolescentes cree que tener sexo les haría la vida más difícil.

· El 84% de los adolescentes se opone al sexo a su edad y

· El 69% de los adolecentes se opone al sexo en su época de secundaria.

Además, una investigación científico-social sugiere que la educación según la SRA está asociada con un cambio positivo de comportamiento entre los adolescentes. El informe de la NAEA detalla 25 estudios revisados por otros investigadores que han “demostrado un significativo y positivo cambio de comportamiento entre los estudiantes participantes”.

A pesar del respaldo de la investigación, de los padres y de los adolescentes a los enfoques de la SRA, la administración Obama casi ha eliminado toda la financiación federal para la educación según la SRA; en cambio, ha creado programas adicionales para la educación centrada en los contraceptivos, según el informe de la NAEA, mientras casi ha eliminado el respaldo a la evitación de riesgos. En el presupuesto del presidente para el ejercicio fiscal de 2013, la disparidad de financiación entre la SRA y la SRR es de $37 millones frente a $894.24 millones, una relación de 11 a 24.

Cuando se trata de la educación sexual, el debate aparentemente se lucha en el terreno de la evidencia empírica, pero ultimadamente se libra en el terreno de los valores.

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